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El Papa contra las guaridas fiscales.

Recorte del día 23 de Junio de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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El sínodo por la Amazonia

Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llama él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente mala, es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el Papa le paró el carro a un enviado que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. “La alta política es algo muy noble”, dijo.

Sabe que el trampolín a través del que las nuevas elites financieras se han encaramado al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época en la que le ha tocado ejercer su papado, es precisamente la antipolítica. La abonan a chorro tanto medios como empresarios y CEOS. Es el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Macri hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Peña Nieto hizo política? ¿Duque hace política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando el FMI entra a escena. Nombres variopintos. Dos salidos de la política traicionera y dos productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como “chorros” o “dictadores” los chorros y los dictadores de nuestro tiempo.

Cuando el Papa hizo su primera visita a la región fue a Brasil. Al encuentro de jóvenes. Y allí dijo su recordado “hagan lío”. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquél fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, y son estos nuevos cultos que apañan al neofascismo, y que están pensados como la nueva religión hegemónica de la región. Los que depositan en cada individuo recortado de los otros la posibilidad de su salvación en la tierra: tener suerte, si así fue la voluntad de Dios. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les ha tocado. No luchan. Rezan. “Hagan lío” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general que le da el Papa, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del lodo.

Esta semana en Roma el Papa inauguró el Sínodo por la Amazonía. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pedido de los obispos de diversos países a los que esta nueva camada de gobiernos odiadores los enfrentó de pronto con el hambre y el fuego. Esta semana se vio la foto de las decenas de camiones que empresas ganaderas mandan a las zonas deforestadas por el fuego.

En el Vaticano ahora están los delegados de las etnias aplastadas. El Papa recibe a los habitantes ancestrales –a quienes pidió perdón por la colonización ya hace unos años en Bolivia, pero eso que era una enorme noticia fue como otras miles de enormes noticias borroneada por los grandes medios–. El Papa recibe a los Garabombos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en esas etnias deslumbrantes que brotan de la Amazonía. Recibe a esos invisibles.

En la apertura del Sínodo, Francisco fue al hueso y nos compete, aunque la lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de nuestros países. Se refirió a la disyuntiva sarmientina “civilización o barbarie”. En estas notas se ha apuntado varias veces que esos términos se han invertido. “El lema de civilización o barbarie se ha usado para aniquilar pueblos originarios”, dijo. Los que se identifican con la civilización están trayendo una nuevo colonialismo”, dijo.

Las elites financieras que desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los bárbaros sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas, animales y vegetales. El Papa después tiró una flecha hacia Pichetto, aunque nombrando sólo a la Argentina. Dijo que en nombre de la civilización (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late en la región desde hace cinco siglos), se escuchan palabras denigratorias, “con el desprecio a los ‘bolitas’, a los ´paraguas´y a los cabecitas negras”.

Los que tenía enfrente mientras decía eso eran los guardianes de la naturaleza, los que como ha dicho también Chomsky, “han sido los que en la historia más han luchado por defensa de la vida en el planeta”. Son los que perseveran hace siglos y siglos, cuando nuestros países no existían, en el buen vivir, que no le demanda a la tierra más de lo que la tierra pueda dar sin arruinarse ni seguir estando allí, disponible y pródiga para las generaciones futuras.

Esos pueblos, que tienen su propia medicina, que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con los blancos, y algunos de ellos han tomado decisiones de una sabiduría extraordinaria, como los más populosos, que en lugar de vivir todos juntos se han repartido por diferentes zonas de la Amazonía para evitar desequilibrios. Esos invisibles que hoy deben huir de sus tierras porque el fuego las devora, en estos días tienen un interlocutor. Mientras desde la “civilización” llegan las fotos del hijo de Bolsonaro haciendo gracias con sus armas, mientras Ecuador se desangra, mientras en Colombia los activistas ambientales son asesinados todos los días, mientras en la Argentina se fumiga glifosato sobre escuelas rurales y hay niños y adultos enfermos soportando la amplia gama de envenenamiento que produce la ganadería o el cultivo transgénico a gran escala, ellos, los pueblos originarios, siguen guardando sus secretos y aspiran solamente a que los dejen en paz.

Hoy son ellos la civilización a la que hay que mirar con interés político. Bolivia es el único país que ha logrado quedar en pie y sigue repartiendo justicia y felicidad, junto con desarollo. Nos los tenemos que tomar en serio. No por “un gesto”. Por algo mucho más profundo y lúcido: si logramos romper la fetichización del dinero como vara del poder político, se abrirá una nueva fase de nuestra cultura común. Ellos nunca fueron del todo incorporados como sujetos políticos en paridad con los demás. Como el machismo, el racismo es algo que a veces parece encapsulado como un virus transversal. Ese es el hueso. Porque el hueso es la tierra, pero también el modo de ser y estar en ella. Y los pueblos originarios saben de eso mucho más que nosotros. Muchísimo más.

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Parroquia Beato Angelelli y Mártires Riojanos

“Largos años de mentira, de ocultamiento. Largos años de encerrar una historia en una cápsula y encerrar nuestras cabezas, también, dentro de un termo. Eran tiempos difíciles. Y ayer, con vergüenza no nombrábamos a estos cuatro mártires. Con vergüenza y con miedo. Esa vergüenza que nos hacía ocultar tantas veces la verdad que sentíamos en el corazón y que por miedo no la decíamos. Pero esa vergüenza hoy se transforma en alegría”. Estas palabras las dijo el domingo pasado el obispo de San Justo, Eduardo García, en la homilía para dejar inaugurada la iglesia de su diócesis Beato Enrique Angelelli y Mártires Riojanos.

Pasó de largo, como pasó la beatificación de Angelelli. Como pasó de largo que apenas llegó Francisco al Papado, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. Hacía años se sabía que fue buscando documentación sobre los asesinatos de esos dos sacerdotes, y sobre el martirio del laico Wenceslao Pedernera, asesinado delante de sus tres hijas, fue el obispo riojano Enrique Angelelli fue él mismo asesinado de vuelta de El Chamical. Hubo un juicio y ese asesinato fue confirmado recién en 2014.

La reivindicación de Angelelli y sus curitas mártires se ubica en el lado de la Iglesia que acompaña a los pueblos. La de Angelelli era una tarea pastoral y sus curas y Pedernera fueron asesinados por ponerse del lado de los vulnerados. Su beatificación, de lo que nos habla es de que el papado de Francisco cumple un rol en la puja por un nuevo orden mundial. Ya ha hecho centenares de gestos y llevado a cabo viajes y reuniones que lo ubican geopolíticamente enfrentado a los nuevos regímenes belicistas y autoritarios que, tal como preanunciaba ya en el Documento de Aparecida, devienen de la fetichización del dinero.

La nueva parroquia comprenderá a cuatro barrios populares. El domingo, aunque pasó de largo en esta era de no periodismo, ésos que fueron negados, ésos de los que la jerarquía católica siempre evitó hacerse cargo, finalmente fueron homenajeados, después de su beatificación, con la primera parroquia en el mundo que lleva sus nombres. Las palabras del obispo de San Justo estuvieron a la altura, porque no fueron palabras de circunstancia sino las de casi un acto público de confesión, después de décadas de silencio. “Nos alegramos y gozamos por su fidelidad, por su amor, por su entrega y por un Evangelio que los llevó a dar la vida. Y eso es lo que celebramos, y eso es lo que vale la pena, y eso es lo que los hace nuestros mártires y beatos, no otra cosa”, dijo el obispo García. “No todos tenemos la vocación del martirio. Pero sí, aquellos que aceptamos el don de la fe, el don del seguimiento, tenemos la obligación de transparentar el Evangelio con claridad, con verdad y con autenticidad, sin mezclarlo ni licuarlo ni aguarlo. Porque cuando lo licuamos no somos nosotros los que quedamos mal, es a Jesucristo al que dejamos mal”.