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El trabajo de víctima

Tropiezos, derrumbes y quebrantos de Waldo Wolff

Uno de los alfiles de la actual presidente del PRO, Patricia Bullrich, es el diputado Waldo Wolff. Legó a la Cámara Baja después de extorsionar al primo del expresidente, Jorge Macri en marzo de 2014. En aquella ocasión, el municipio de Vicente López había inaugurado una exposición sobre “grandes mujeres de la humanidad” y no tuvo mejor idea que incluir a la esposa de Adolf Hitler, Eva Braun. Wolff, entonces autoridad de la DAIA, vio una ventana de oportunidad: mantuvo una reunión con el intendente de Vicente López y le garantizó un salvoconducto. Mientas Jorge Macri le bajaba el precio a la exposición, él se ocupaba –al interior de los sectores de la derecha de la colectividad judía- que el tema no llegara a mayores. Que no trascendiese. En esa etapa, su primo Mauricio estaba lanzando a la presidencia y una mancha de ese tipo (sobre su apellido) hubiese sido difícil de procesar para sus compañeros de ruta de la DAIA. Presuroso, Wolff corrió en su ayuda. Como reconocimiento, el ex arquero de Atlanta fue premiado con un lugar en las listas del PRO un año después, en 2015.

La saga que sobrevino a su diputación contiene suficiente material para una biografía política de índole lúgubre: luego de la muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman, Wolff renunció a la DAIA para sumarse a los equipos de Macri. El jefe municipal que lo premió por haber protegido su buen nombre y honor –y su fascismo naturalizado– intentó en varias oportunidades que Wolff dejase de hacer papelones. Pero el propio intendente se sintió fracasado en su aspiración. Wolff, aprovechando su nuevo púlpito mediático, se dispuso en 2015 a publicitar la futura aparición de un libro (de su supuesta autoría) vinculado a la muerte del fiscal. Dicho opúsculo terminó publicándose con el título de: “Asesinaron al Fiscal Nisman. Yo fui testigo”. La obra, según uno de los familiares del actual legislador, fue redactado por quien figura como su coautora, la tallerista Delia Sisro y la inapreciable colaboración de varios asistentes financiados con dinero público, empleados contratados como asesores de su despacho en la Cámara Baja.

Su primera frustración fue asumir que no existía editorial interesada en la publicación. Quienes leyeron los primeros borradores advirtieron incongruencias, datos incomprobables, carencia de fuentes y –sobre todo– la evidente ausencia de un lenguaje comprensible.

Extracto de la página 15 del libro “Asesinaron al Fiscal Nisman. Yo fui testigo”.

Con disposición reiterada para ponerse en ridículo, el ex dirigente de la DAIA decidió hacer campaña electoral en 2015 apelando a un recurso que –desde momento– nunca abandonará: la auto victimización. Afirmó que lo perseguían en forma sistemática las hordas salvajes del nacionalismo popular, que habían atentado contra su auto, que lo vigilaban y que era discriminado desde el gobierno por su identidad hebrea. Su necesidad de figuración lo llevaron a sugerir, sin la más mínima evidencia, que fue el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) quien asesinó al fiscal, y que ese mismo gobierno lo había acusado de “Traición a la Patria”.  

Insistió con ese sambenito durante 5 a años a pesar de ser ostensiblemente una falacia: La imputación –como se observa en la reproducción de la denuncia– fue iniciada por un ferviente opositor al kirchnerismo, Juan Gabriel Labaké. Este abogado era conocido por judicializar en forma permanente las opiniones políticas y tenía como antecedente el haber acusado a CFK y a Néstor Kirchner de malversación de fondos públicos en 2004. El mismo Labaké –muchas veces asociado a la Triple A–,  se presentó al juzgado en septiembre de 2015 y promovió la causa penal contra autoridades de la DAIA (Julio Schlosser y Waldo Wolff, entre otros) bajo la acusación de ser parte de un conglomerado de intereses comprometidos con los fondos buitre y Nisman. Para sustentar la acusación, Labaké se basó en un artículo periodístico que el autor de esta nota publicó en Pagina 12 en abril de 2015. Un lustro después de esa investigación periodística, el ex espía del Mosad, Uzi Shaia, confirmó en la televisión israelí que había trabajado de intermediario entre los Fondos Buitre y el extinto fiscal, con el objeto de extorsionar  a quien el tiempo demostró que no era chantajeable: CFK.

Para darle continuidad al despliegue de falacias tiempo después intentó promover un Jury de enjuiciamiento contra Daniel Rafecas en venganza por los dictámenes que el magistrado dispuso en relación a las imputaciones de Nisman, contra CFK y Timerman, entre otros. Las  intenciones de Wolff, otra vez, se vieron frustradas. El Consejo de la Magistratura desechó su denuncia el 22 de febrero del 2018 y resolvió desestimar su pedido de juicio político hacia el magistrado.

Poco tiempo antes de acusar a Refecas, el 24 Julio 2016, la entonces ministra de seguridad, Patricia Bullrich brindó un reportaje al House Organ del macrismo, el diario Clarín, en el que se consignaba: “Estamos trabajando con la Dirección de Comunicaciones de la Corte (la ex OJOTA, encargada de las escuchas telefónicas) un establecimiento de protocolo. El otro tema al que nos estamos dedicando fuerte es el de la creación de un protocolo unificado de emergencias. El diputado Waldo Wolff lo está trabajando con expertos de distintos lugares en el mundo, para saber qué hacer y cómo operar para que no se colapsen las comunicaciones y la logística”. Evidentemente los expertos no eran de “distinto países del mundo” sino específicamente, de uno. En noviembre de ese año 2016 Wolff y Bullrich viajaron juntos a la Cuarta Conferencia de Ciberseguridad, evento bienal de exposición y comercialización de aparatología informática y militar. El diputado se trasladó en tanto “representante del Congreso Nacional”, una función bastante extraña para un legislador.

Su alineamiento con la derecha de Israel y de Estados Unidos lo llevó, muy poco tiempo después, el 2 de agosto de 2017 a equiparar a Nicolás Maduro con los dirigentes nazis: “¿Cuál es la diferencia entre la dictadura de Maduro y lo que pasaba en Europa con los fascismos de (Benito) Mussolini y de (Adolf) Hitler?”. Sin embargo, pero pocos meses después no dudó en sobreactuar una condena al intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, porque éste había profetizado: “Hagamos una reflexión. Se cayó Napoleón Bonaparte, se cayó Alejandro Magno, se cayó Hitler, se cayó el Imperio Romano, ¿no se van a caer estos tipos que no saben hablar y que hacen macanas a cada rato?”. Ipso facto, cual dueño y censor de adecuadas formas de terminológicas de índole histórico, acusó al dirigente peronista de “banalizar el Holocausto por apelar al nombre del genocida alemán”. 

En una lúcida respuesta, Menéndez le contestó: “¿Cuándo Jaime Durán Barba, como jefe de comunicación del espacio político al que pertenece, se refirió al más repudiable genocida de la historia Adolf Hitler como ‘un tipo espectacular’ usted mandó una misiva a los medios como hizo en esta oportunidad pidiendo alguna explicación? ¿Lo invitó a la reflexión? ¿Lo repudio? ¿O cuál fue su actitud? Me gustaría que deje en claro esa situación, así todos podremos tener claridad sobre las buenas intenciones, y no aprovechar situaciones para confundir a la sociedad.”

Sin poder reponerse de la vergüenza pública a la que fue expuesto por parte del dirigente de Merlo, la Sala II de la Cámara Federal dispuso la falta de mérito del diputado Leopoldo Moreau quien había sido acusado de antisemita por el ex dirigente de la DAIA. Los camaristas Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia, ajenos a cualquier simpatía kirchnerista, consideraron que los dichos de Moreau no cumplían los requisitos previstos en la ley para configurar el delito de incitación al odio racial. Luego de reiterados fracasos, Wolff no se amilanó y continuó ejercitando el rol de víctima perpetua. En diciembre de 2018 mantuvo una comunicación radial con su alter ego, Ángel “Baby” Etchecopar, imitando su ritual de exabruptos e insultos: Pablo Duggan es un h de p” –calificó en su diálogo con el decano de la radiofonía fascista Argentina– evidenciando su irritación por el éxito conseguido por Duggan, con su publicación “¿Quién mató a Nisman?”. En una muestra de resentimiento frente a la pormenorizada investigación periodística llevada a cabo por Duggan, afirmó: “Yo también tengo acceso a carpetas de la vida privada de mucha gente y sin embargo no las hago públicas”, asumiendo su vinculación con los servicios de inteligencia. 

(1) https://bit.ly/2Yodc7c
(2) https://bit.ly/3hXGFwr
(3) http://bit.ly/336HE5J
(4) http://bit.ly/336VGV5 (Minuto 7,20)