El regreso de Allende

La izquierda auténtica (no la trotskista) gana las elecciones en Chile. Nota de Jorge Elbaum

Salvador Allende defendiendo, fusil en mano, el palacio presidencial, el 11 de septiembre de 1973

Aunque sea por un momento, un brillo acude a esta parte de la historia en la que coincide con nuestro lapso biográfico. 

Volvemos a escuchar el último discurso del Chicho Allende pronunciado mientras los genocidas bombardeaban el Palacio de La Moneda: «Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor». 

Palabras que se cuelan como puñales. Que tienen señales de vértebras en cada nombre y apellido. Que vuelan hacia quienes se enfrentaron a la ignominia fascista,  siempre protegida y avalada por Washington. 

Se les cae la escalera encima. Se derrumba junto a los peldaños de su injerencias criminal  actualizada en el presente con operaciones mediático-jurídicas.

Se cayó un telón. Algo que se quiebra y al mismo tiempo exhibe su pasado. Y lo hace en un escenario que no omite el retrato de estas memorias castigadas. 

Comparece ante el presente –mientras tanto– los miles de fusilados que pueblan como fantasmas buenos la memoria de nuestros huesos. Ahí están: juntan sus dolores, abren sus ganas, componen canciones de ritos inmensos. 

Arriban para cuantificar los sufrimientos de millones de deudas sociales impagas. Compilan sus cifras junto a larga lista de daños acumulados en formato neoliberal: millones de trabajadores sin trabajo, una enumeración de pantallas estupidizadoras, una confusión destinada a obscurecer el verdadero sentido de una identidad de clase. Todo en letra de molde. 

Junto a ellos hay un coro que memoriza los vestigios de esa brutalidad larvada. Eso que los CEOs financieros creyeron inmutable. 

Hoy se celebra la rugosidad doliente de una América Latina que no es dócil. Que tiene la marca de la insumisión. Que no se rinde. Concurren fueguitos ancestrales criados en Los Andes. Y se desplazan hacia La Puna del Cobre. Transportan en andas al Chicho que había advertido –en medio de la penumbra– al perfil de Simón Rodríguez. Se movilizan junto a su caravana quienes lo resucitaron nominalmente para enfrentar a Pinochet: esos que fueron dignos, bravos y valientes.

En esta repetida encrucijada de lo nuestro se empieza a derrumbar la escalera de esas jerarquías infames que se impusieron en 1973 a tracción de torturas, humillaciones y racismo. 

La derecha es represión, privilegios y empobrecimiento. 

Lo profético de Allende sacude lo maravilloso que supone un sentido de pelea en Latinoamérica. 

Quizás los bienpensantes capitoste civilizados puedan no comprenderlo. 

Pero esta batalla tiene más exaltación –este domingo– que todas sus biografías cansinas cargadas de hipótesis hundidas.   

PD: (Este es el primer capítulo de lo que viene: Petro en Colombia, Lula en Brasil (en 2022) y la reelección del Frente de Todxs en 2023)

De pie, cantar,  que el pueblo va a triunfar

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