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¿Guerra híbrida?

El filósofo italiano Giorgio Agamben, que fue uno de los primeros en bocetar una análisis de la pandemia –entonces, todavía no era llamada pandemia –, habló directamente de “una construcción neoliberal” para forzar un estado de excepción. Sonó conspirativo. No hay tiempo para echar hablar de conspiraciones cuando están a la vista número escalofriantes de infectados y muertos, y cuando la curva de crecimiento de la pandemia se eleva a niveles que no llegaron en China. Las cepas europeas no son las de Wuhan. No es China la que contagia al mundo aunque Trump o Bolsonaro sigan hablado de “el virus chino”.

Después se escucharon otras voces, porque el curso de los acontecimientos estaba torciendo su propia curva de sentido, implanificable aunque esta pesadilla que vivimos globamente ya haya sido nombrada por altos funcionarios chinos como “guerra
bacteriológica”. Para decirlo sencillo: incluso si el virus hubiese sido “colocado” en Wuhan por alguno de los soldados y oficiales norteamericanos que un mes antes llegaron a esa ciudad para un evento conjunto, el curso del desastre es tan profundo y la reacción de autodefensa china fue tan fuerte, que las sociedades atacadas responden resignificando mitos estructurales del noeliberalismo: la salud pública no es un gasto. Con eso estamos: modifica todo un paradigma.

Hace muy poco tiempo y es fácilmente hallable en Internet, Bill Gates dio una charla TED en la que dio que “la próxima guerra no será con misiles sino con microbios”. En una nota para Asia Times, Pepe Escobar recuerda ahora que un mes antes del estallido del brote en Wuhan, tuvo lugar en Nueva York un simulacro de pandemia. Entre los auspiciantes estaba Bill Gates.

Lo concreto es que gobiernos neo fascistas como el de Trump, Boris Johnson o Jair Bolsonaro ha adoptado el mismo discurso y la misma estategia frente a la pandemia: dejar morir. Dejar que el virus los atraviese, que se salven los más jóvenes y que los sistemas
debilitados de salud pública dejen morir a los enfermos o a los mayores de 60 años. Selección natural. Es lo único que tienen en la cabeza.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek, ahora en Londres, escribió para RT. Espantado por el presente, afirmó que este descalabro de todo lo racionalmente concebible y tolerable en términos geopolíticos, hará virar la opinión pública, en un movimiento natural de supervivencia, hacia nuevas formas de cooperación de las que dependerá la vida de
millones de personas. No habla de ninguna conspiración. Pero si la hubo, fue tan enloquecida y mal calculada que esta bisagra preanuncia el fin de ciclo de quienes, por lo menos, son los responsables ideológicos y económicos de que los sistemas púbicos de salud exploten. En ese paisaje, la que emerge es China. Y quedará para los países afectados, tal como está sucediendo en Francia, un replanteo medular de lo “precioso”, como calificó el presidente Macron a la sanidad gratuita, a la que hay que salvar del
mercado.

Hay muchas otras líneas de pensamiento para seguir en medio de la confusión. Pero dejémoslas para estos días, en los que todos estamos en casa, sospechando que los que no lo hacen no tienen remedio, y decididos a verlos como corredores de picadas: no deciden por ellos, deciden sobre los demás en un tema de vida o muerte. No pueden estar en libertad, porque para ellos la libertad es un malentendido.

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Amor perdurable

La describí varias veces y asociada a varias cosas pero no puedo dejar de pensar en esa escena de la novela de Ian McEwan Amor perdurable. El principio. El hombre va a buscar a su mujer al aeropuerto y de ahí van a un parque. El había llevado una canasta de picnic.

Cuando estaban tomando una copa de vino alguien gritó. Se había soltado la cuerda de un globo aerostático que llevaba a un abuelo con su nieto. Eran cuatro cuerdas ya sueltas en el pasto. El hombre y tres más llegaron corriendo a agarrarlas para salvar el abuelo y al nieto.

Pero el viento es fuerte. Les cuesta y están por soltarlas. Si las sueltan el abuelo y el nieto se irán por el aire. Hay un instante en el que los hombres cruzan las miradas. Es el momento exacto en el que advierten que tirando los cuatro hay una posibilidad, pero si uno solo se ellos suelta la cuerda, los demás deberán hacer lo mismo. Es todos o ninguno. No sigo con la historia porque lo que me parece crucial es la escena.

Me ha vuelto a la mente porque nos pasa eso. Pero a todos en el mundo. Los países cierran sus fronteras. La globalización queda en suspenso. La pandemia hizo que todos volvamos a sentirnos ciudadanos de nuestros países. No hay ciudadanos del mundo ahora.

Y en el caso argentino, tenemos la suerte de que en la nave de tormenta timonea el capitán Beto, que tiene templanza.

Pero antes de que las cosas empeoren como dicta la curva del virus, seamos esos hombres que se miran ya agotados de hacer fuerza, y sepamos que este esfuerzo es compartido o no sirve para nada. Hay cosas que solo se logran tirando juntos.