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La inteligencia al poder

Ya desde media tarde, cuando los alrededores del Monumento a la Bandera estaban colmándose de gente, y algunos de los que estaban ahí daban sus testimonios, era obvio por qué Macri les pidió a sus votantes que no den argumentos. Los argumentos son todos del Frente de Todos. De arriba para abajo y de abajo para arriba y viceversa. Lo que se vio antes, durante y después del cierre de campaña fue un fenómeno de representación política: qué sed, qué hambre, qué necesidad de representación política tenemos. Había lágrimas. Muchas. Conexión. Comunicación entre los que estaban abajo del escenario y los que lo veíamos por la televisión, con Cristina y Alberto. Son ellos los que votaremos porque creemos en lo que dicen, y lo que dicen es lo que queremos decir y vivir nosotros.

Cristina habló en un tramo de su discurso sobre la importancia inexorable de la inteligencia, ya que todos los otros recursos alguna vez se extinguen. Y un paneo rápido por el escenario, más un flash de los últimos dos o tres meses, nos certifican que sí, que hemos hecho lo correcto, que la unidad de los sectores del campo nacional y popular es el primer y decisivo paso para salir de esta trampa mortífera en la que caímos precisamente por no tener presente que el enemigo, siempre, gana gracias a las divisiones.

Tanto la gente que fue, que articulaba con racionalidad y emocionalidad lo que ya no le es soportable de la vida que ofrece el modelo neoliberal, como los movimientos políticos recientes que, gracias al panóptico de Cristina, han permitido la consolidación de este Frente, son la esperanza. La inteligencia debe volver al poder.

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Fin de ciclo (¡Carajoooo!)

En un ámbito cerrado, como siempre que habla, rodeado de público testeadamente macrista, el presidente dio su último discurso antes de las PASO. Se lo nota afectado, también como siempre. Si hay algo que hay que reconocerle a Macri algo que no es, es espontáneo. Todo a su alrededor gira guionado, desde el tono en un tramo y otro tono más adelante, hasta los aplausos de quienes lo rodean, que nunca parecen convencidos sino más bien enfurecidos. Ya pasó hace tiempo la época de la revolución de la alegría, el slogan con el que llegó y que hoy no podría pronunciar ni siquiera ante los extras, no porque no lo aplaudirían (están ahí para aplaudir) sino porque esa frase no soportaría su reproducción en otros soportes. Miles de pantallas estallarían a cepillazos.

Ahora él y Vidal están con las metáforas del río en el que estamos por la mitad, etc. Hay que seguir remando, remando, remando, porque si la riqueza se acumula mucho, mucho, mucho, derrama, derrama, derrama. No voy a hacer un análisis profundo de Macri hablando. El tema que nos inquieta no es él, sino aquellos que han sido tan perforados por las mentiras del gobierno y sus sicarios mediáticos que creen que si vuelve el peronismo inaugurará un ministerio de la revancha. El ministerio de la revancha tuvo en el gobierno de Macri mucho espacio y muchos funcionarios. Lombardi es uno de los ministros de la venganza. Han injuriado, han mentido, han hecho mucho
daño, han corrompido jueces y fiscales y han comprado por lotes a los periodistas que trabajan en
los grandes medios.

Ahora juega la carta de que en cuatro años alcanzó a remar muy poco. A mí me interesa que quienes le creyeron la primera vez no vuelvan a ser engañados, porque les mintió. Pero a los que celebran la mentira, celebraron la venganza, celebraron el encarcelamiento de inocentes o el asesinato de pibes por la espalda, no los quiero convencer de nada. Que se queden con su escoria y que revienten con su propia bilis. Millones vamos a apostar por volver a vivir tranquilos y sin psicópatas arruinándonos la vida. No se juega k – antik. El país debate su propia viabilidad. Y sus habitantes debatimos nuestra propia supervivencia. A ese extremo nos ha llevado este extraviado
que nunca debería haber dejado la cancha de golf.