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Recortes de Radio Sociedad

El orgullo como respuesta política

Recorte del día 29 de Junio de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Con los otros pero sobre todo por los otros

Recorte del día 26 de Junio de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política Recortes de Radio

De las noticias falsas a la violencia: párenlos.

Recorte del día 25 de Junio de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política

El trabajo de víctima

Tropiezos, derrumbes y quebrantos de Waldo Wolff

Uno de los alfiles de la actual presidente del PRO, Patricia Bullrich, es el diputado Waldo Wolff. Legó a la Cámara Baja después de extorsionar al primo del expresidente, Jorge Macri en marzo de 2014. En aquella ocasión, el municipio de Vicente López había inaugurado una exposición sobre “grandes mujeres de la humanidad” y no tuvo mejor idea que incluir a la esposa de Adolf Hitler, Eva Braun. Wolff, entonces autoridad de la DAIA, vio una ventana de oportunidad: mantuvo una reunión con el intendente de Vicente López y le garantizó un salvoconducto. Mientas Jorge Macri le bajaba el precio a la exposición, él se ocupaba –al interior de los sectores de la derecha de la colectividad judía- que el tema no llegara a mayores. Que no trascendiese. En esa etapa, su primo Mauricio estaba lanzando a la presidencia y una mancha de ese tipo (sobre su apellido) hubiese sido difícil de procesar para sus compañeros de ruta de la DAIA. Presuroso, Wolff corrió en su ayuda. Como reconocimiento, el ex arquero de Atlanta fue premiado con un lugar en las listas del PRO un año después, en 2015.

La saga que sobrevino a su diputación contiene suficiente material para una biografía política de índole lúgubre: luego de la muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman, Wolff renunció a la DAIA para sumarse a los equipos de Macri. El jefe municipal que lo premió por haber protegido su buen nombre y honor –y su fascismo naturalizado– intentó en varias oportunidades que Wolff dejase de hacer papelones. Pero el propio intendente se sintió fracasado en su aspiración. Wolff, aprovechando su nuevo púlpito mediático, se dispuso en 2015 a publicitar la futura aparición de un libro (de su supuesta autoría) vinculado a la muerte del fiscal. Dicho opúsculo terminó publicándose con el título de: “Asesinaron al Fiscal Nisman. Yo fui testigo”. La obra, según uno de los familiares del actual legislador, fue redactado por quien figura como su coautora, la tallerista Delia Sisro y la inapreciable colaboración de varios asistentes financiados con dinero público, empleados contratados como asesores de su despacho en la Cámara Baja.

Su primera frustración fue asumir que no existía editorial interesada en la publicación. Quienes leyeron los primeros borradores advirtieron incongruencias, datos incomprobables, carencia de fuentes y –sobre todo– la evidente ausencia de un lenguaje comprensible.

Extracto de la página 15 del libro “Asesinaron al Fiscal Nisman. Yo fui testigo”.

Con disposición reiterada para ponerse en ridículo, el ex dirigente de la DAIA decidió hacer campaña electoral en 2015 apelando a un recurso que –desde momento– nunca abandonará: la auto victimización. Afirmó que lo perseguían en forma sistemática las hordas salvajes del nacionalismo popular, que habían atentado contra su auto, que lo vigilaban y que era discriminado desde el gobierno por su identidad hebrea. Su necesidad de figuración lo llevaron a sugerir, sin la más mínima evidencia, que fue el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) quien asesinó al fiscal, y que ese mismo gobierno lo había acusado de “Traición a la Patria”.  

Insistió con ese sambenito durante 5 a años a pesar de ser ostensiblemente una falacia: La imputación –como se observa en la reproducción de la denuncia– fue iniciada por un ferviente opositor al kirchnerismo, Juan Gabriel Labaké. Este abogado era conocido por judicializar en forma permanente las opiniones políticas y tenía como antecedente el haber acusado a CFK y a Néstor Kirchner de malversación de fondos públicos en 2004. El mismo Labaké –muchas veces asociado a la Triple A–,  se presentó al juzgado en septiembre de 2015 y promovió la causa penal contra autoridades de la DAIA (Julio Schlosser y Waldo Wolff, entre otros) bajo la acusación de ser parte de un conglomerado de intereses comprometidos con los fondos buitre y Nisman. Para sustentar la acusación, Labaké se basó en un artículo periodístico que el autor de esta nota publicó en Pagina 12 en abril de 2015. Un lustro después de esa investigación periodística, el ex espía del Mosad, Uzi Shaia, confirmó en la televisión israelí que había trabajado de intermediario entre los Fondos Buitre y el extinto fiscal, con el objeto de extorsionar  a quien el tiempo demostró que no era chantajeable: CFK.

Para darle continuidad al despliegue de falacias tiempo después intentó promover un Jury de enjuiciamiento contra Daniel Rafecas en venganza por los dictámenes que el magistrado dispuso en relación a las imputaciones de Nisman, contra CFK y Timerman, entre otros. Las  intenciones de Wolff, otra vez, se vieron frustradas. El Consejo de la Magistratura desechó su denuncia el 22 de febrero del 2018 y resolvió desestimar su pedido de juicio político hacia el magistrado.

Poco tiempo antes de acusar a Refecas, el 24 Julio 2016, la entonces ministra de seguridad, Patricia Bullrich brindó un reportaje al House Organ del macrismo, el diario Clarín, en el que se consignaba: “Estamos trabajando con la Dirección de Comunicaciones de la Corte (la ex OJOTA, encargada de las escuchas telefónicas) un establecimiento de protocolo. El otro tema al que nos estamos dedicando fuerte es el de la creación de un protocolo unificado de emergencias. El diputado Waldo Wolff lo está trabajando con expertos de distintos lugares en el mundo, para saber qué hacer y cómo operar para que no se colapsen las comunicaciones y la logística”. Evidentemente los expertos no eran de “distinto países del mundo” sino específicamente, de uno. En noviembre de ese año 2016 Wolff y Bullrich viajaron juntos a la Cuarta Conferencia de Ciberseguridad, evento bienal de exposición y comercialización de aparatología informática y militar. El diputado se trasladó en tanto “representante del Congreso Nacional”, una función bastante extraña para un legislador.

Su alineamiento con la derecha de Israel y de Estados Unidos lo llevó, muy poco tiempo después, el 2 de agosto de 2017 a equiparar a Nicolás Maduro con los dirigentes nazis: “¿Cuál es la diferencia entre la dictadura de Maduro y lo que pasaba en Europa con los fascismos de (Benito) Mussolini y de (Adolf) Hitler?”. Sin embargo, pero pocos meses después no dudó en sobreactuar una condena al intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, porque éste había profetizado: “Hagamos una reflexión. Se cayó Napoleón Bonaparte, se cayó Alejandro Magno, se cayó Hitler, se cayó el Imperio Romano, ¿no se van a caer estos tipos que no saben hablar y que hacen macanas a cada rato?”. Ipso facto, cual dueño y censor de adecuadas formas de terminológicas de índole histórico, acusó al dirigente peronista de “banalizar el Holocausto por apelar al nombre del genocida alemán”. 

En una lúcida respuesta, Menéndez le contestó: “¿Cuándo Jaime Durán Barba, como jefe de comunicación del espacio político al que pertenece, se refirió al más repudiable genocida de la historia Adolf Hitler como ‘un tipo espectacular’ usted mandó una misiva a los medios como hizo en esta oportunidad pidiendo alguna explicación? ¿Lo invitó a la reflexión? ¿Lo repudio? ¿O cuál fue su actitud? Me gustaría que deje en claro esa situación, así todos podremos tener claridad sobre las buenas intenciones, y no aprovechar situaciones para confundir a la sociedad.”

Sin poder reponerse de la vergüenza pública a la que fue expuesto por parte del dirigente de Merlo, la Sala II de la Cámara Federal dispuso la falta de mérito del diputado Leopoldo Moreau quien había sido acusado de antisemita por el ex dirigente de la DAIA. Los camaristas Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia, ajenos a cualquier simpatía kirchnerista, consideraron que los dichos de Moreau no cumplían los requisitos previstos en la ley para configurar el delito de incitación al odio racial. Luego de reiterados fracasos, Wolff no se amilanó y continuó ejercitando el rol de víctima perpetua. En diciembre de 2018 mantuvo una comunicación radial con su alter ego, Ángel “Baby” Etchecopar, imitando su ritual de exabruptos e insultos: Pablo Duggan es un h de p” –calificó en su diálogo con el decano de la radiofonía fascista Argentina– evidenciando su irritación por el éxito conseguido por Duggan, con su publicación “¿Quién mató a Nisman?”. En una muestra de resentimiento frente a la pormenorizada investigación periodística llevada a cabo por Duggan, afirmó: “Yo también tengo acceso a carpetas de la vida privada de mucha gente y sin embargo no las hago públicas”, asumiendo su vinculación con los servicios de inteligencia. 

(1) https://bit.ly/2Yodc7c
(2) https://bit.ly/3hXGFwr
(3) http://bit.ly/336HE5J
(4) http://bit.ly/336VGV5 (Minuto 7,20)

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El Papa contra las guaridas fiscales.

Recorte del día 23 de Junio de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política Recortes de Radio

La estrategia de la ultraderecha es global

Recorte del día 22 de Junio de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Contratapa Página/12 Opinión

Racismo

El de este año no fue un 16 de junio más para recordar el bombardeo a la Plaza de Mayo. Esta vez estuvo atravesado por la politización de la pandemia, que en el fondo replica algo que dejó picando en el lado opaco de la historia argentina ese hecho fundante de una república fallida. Una república entre comillas. Ese bombardeo estuvo inspirado en el odio sin fondo que había provocado el peronismo. El golpe puso todo de nuevo en el orden que el antiperonismo concibe como el único posible, con las elites al comando. Ese orden restaurado a partir de esa barbarie de aviones atacando con catorce kilos de explosivos a población civil que estaba circunstancialmente en la plaza.

Ese tajo histórico, que fue el principio de la proscripción del peronismo durante 18 años, intentó cortar de cuajo no una ideología sino una idiosincrasia, una identidad, un modo de aspirar a vivir y que se resumía en otro orden, el de las mayorías trabajadoras representadas y protegidas desde el Estado. Privilegiados eran los niños y derechos eran los que obtenían los trabajadores. En marzo del año siguiente, en 1956, Aramburu firmaba el decreto 4161, que prohibía “la utilización, con fines de afirmación ideológica Peronista, efectuada públicamente, o propaganda peronista, por cualquier persona”. Se prohibía además “la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el nombre propio del Presidente depuesto, el de sus parientes; las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, tercera posición, la abreviatura PP, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales Marcha de los Muchachos Peronistas y Evita Capitana, y los discursos del presidente depuesto o de su esposa, o fragmentos de los mismos”.

Habían empezado con el bombardeo sobre esos cientos de hombres, mujeres y niños que quién sabe si eran o no peronistas. Ese agravio feroz a sus compatriotas nunca fue reparado sino todo lo contrario: tres décadas después, los peronistas engrosaron mayoritariamente las listas de detenidos-desaparecidos. La muerte y sus aledaños siempre fue el recurso que usaron para bloquear los intereses populares.

Siempre se trató de intereses, pero para sostenerlos era necesario investir al peronismo de un estigma imborrable, investirlo de una apropiación ilegal, de chorros que les habían quitado sus privilegios a ellos. Había que acompañar la pelea por sus intereses con un relato salpicado de clichés que la emergente clase media acunó desde entonces como una composición propia. Las elites solas no lo hubieran logrado. Los pobres se convirtieron en negros. Negros de mierda es su síntesis. El rictus del desprecio acompaña la pronunciación.

Ahora, en esta coyuntura global dramática, la derecha inercialmente convertida en ultraderecha ensaya en todo el mundo el aprovechamiento del descontento y de la desesperación que legítimamente sienten los trabajadores no esenciales o los que han perdido sus empleos o nunca los han tenido, y juega su carta fascista –tal como comentaron esta semana por teléfono Julian Assange y Yanis Varoufakis en su conversación de nueve minutos– intentando boicotear las estrategias de cuarentena en muchos países del mundo. Un nuevo indicio de ese fenómeno apareció en la mañana del jueves, cuando desde España llegaba un video de ultraderechistas tirando a blancos que tenían pegadas las fotos del presidente y del vicepresidente del país, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y las de algunos y algunas miembros de Unidas Podemos.

Acecha la pandemia y la violencia de quienes usan políticamente la muerte, otra vez. Y aunque Cristina Pérez le haya dicho al presidente Alberto Fernández que decir que “el problema es la pandemia, no la cuarentena” es “retórico”, no tiene nada de retórico. Lo que tiene es lógica. Si de algo debe deshacerse rápidamente la ultraderecha es de la lógica, que acaba uno por uno con todos sus supuestos.

El de la superioridad de clase o de “raza”, por ejemplo. Una posición energúmena, la supremacista, que ya ha sido barrida en sus cimientos desde el surgimiento del genoma humano. Si el más blanco de los neonazis o los miembros del Klan se tomaran el imposible trabajo de rastrear del todo su genealogía, se vería a sí mismo emerger del Cuerno de Africa.

Hay protestas contra el racismo no sólo en Estados Unidos, que ha hecho de la subordinación de los afrodescendientes primero y de los latinos luego algo constitutivo de su idiosincrasia. Hay protestas en Francia, en España, en Gran Bretaña. Caen las estatuas de los traficantes de esclavos, y hasta cae en Boston la de Colón. De pronto, la opresión ancestral del pueblo afrodescendiente y de los pueblos originarios confluyen en una desnaturalización vertiginosa que no da tiempo a la elaboración.

Malos tiempos para cerrar grietas. Las imágenes del 16 de junio de l955 nos retrotrajeron a ese tajo profundo que está a punto de traernos una vez más la muerte. Todos los días nos dan señales de ese odio de clase que nunca se dejó de fomentar y de nutrir con mitos sobre cierto tipo de barbarie que nunca han protagonizado las mayorías y sí, en cambio, han permitido a las clases medias aborrecer a los sectores populares.

Es un año interesante para verle la cara racista al gorilismo, porque en rigor, es el ladrillo racista el primero que colocaron para levantar el edificio de mentiras, ocultamientos, crímenes y delitos. No solemos llamar racistas a los que en estos años han humillado sin límites, uno por uno, a quienes salieron a defender sus intereses arrasados. Los han echado de sus trabajos, los han gaseado aunque fueran jubilados, los han matado en el sur y en el norte, los han prohibido, les han dicho que nadie que nazca en una villa sería capaz de llegar a la universidad, irse de vacaciones, comprarse un celular. Sin esa perspectiva como punto de vista desde un departamento de dos ambientes en Caballito, ellos no podrían ser todo lo ricos que son.

El antiperonismo es una forma clara de racismo. Es hora de verlo así.