Categorías
Política

La épica de Alberto

Hace unos días hice un posteo en Facebook sobre el Presidente, y un comentario de alguien de Bahía Blanca, adonde estuve poco antes de que asumiera el nuevo gobierno, me recordó una idea que yo misma había vertido en una de las preguntas de la gente después de la charla, y que había olvidado. Toda esa gente amaba a Cristina y estaba contenta con su determinación de no encabezar la lista. Comprendía la situación. Pero arreciaban las dudas, los temores, la zozobra, porque la gente que amaba y sigue amándola a ella sabe, quizá mejor que quienes provienen del albertismo, que no habría tregua ni cierre de grieta. Siempre supimos que el problema no era ella, sino su decisión de dar peleas de fondo. Sus políticas.

Ya solamente con hacerse cargo del pandemónium que dejó el macrismo, Alberto Fernández asumió un compromiso mayúsculo. Ya solamente con ese primer plano que le fue despejado, con el protagonismo en el reinicio de un ciclo popular, Alberto se ponía sobre los hombros un paquete que no era para cualquiera. Y desde un primer instante, desde su tono, desde su cordialidad y ánimo dialoguista con todos los sectores, fuimos entendiendo que era necesaria esa personalidad para allanar los duros tramos por los que pasaríamos, con una deuda imposible de dinero que nunca llegó al país, y con las listas de innumerables desmantelamientos de lo público, que es lo único que supo hacer el macrismo.

Con eso ya era bastante. Pero le cayó la pandemia. Y hoy lo vemos, como a tantos y tantas funcionarios y funcionarias de distintos niveles de gobiernos, nacional, provinciales, municipales, con ojeras, con disfonía, con temple, con argumentos, con racionalidad, intentar hacernos a todos los argentinos pasar este amarguísimo trago de la manera en la que menos pérdidas haya. Lo vemos trabajando a destajo contra el dolor y la desidia y la falta de estructura y encima con tantos y tantas ingratos que parece que ya se olvidaron de las decenas de fotos de Macri en reposera.

Hoy cumple años, y cuesta desearle que los cumpla feliz. Debe estar abrumado por los problemas y la ansiedad de hacer más, un poco más, de romper el realismo de un país deshecho por millonarios sin sangre en las venas, y por generar esperanza y ánimo de darle batalla juntos al virus que mata sin preguntar filiaciones políticas.

Lo vemos tomar la iniciativa, explicar una y otra vez que entre la salud y la economía, elige la salud, y aplaudimos porque no lo sabíamos cuando lo votamos, pero queríamos un presidente que entre la salud y la economía eligiera sin pensarlo dos veces esa opción. La vida, la salud, el trabajo, la defensa de los débiles, la industria nacional, una nueva inserción en el mundo que nos ponga codo a codo con los inteligentes y no con los desequilibrados que han tomado el poder en tantos países.

Alberto ha construido su propia épica, apta para todo público. Habla claro y lo entienden hasta los niños. No lo entenderán los caceroleros pero esos no entendieron nunca nada. Los medios que le hicieron la vida imposible a Cristina no cesarán en sus ataques, porque no era contra una mujer que urdían sus brulotes y sus noticias falsas. Era contra la justicia social.

Que tu regalo hoy sea, Alberto, saber que un pueblo se siente protegido por tus decisiones. Que te has ganado nuestro respeto. Que tu esfuerzo no es invisible. Que seguimos sin creerle a los que mienten. Que tu llegada a la Presidencia en este momento fue a su vez un regalo para nosotros.

Que la pases en paz, con los tuyos, con quienes te quieren. Atrás de millones de ventanas y en el interior de millones de casas en las que los argentinos hacemos la cuarentena que valoramos que hayas adelantado, hay gente agradecida, de la que no olvida, de la que sabe guardar en su corazón a los que no le fallan. Estás ahí.

Categorías
Política

«Un mito es un habla que se repite»

Después de estos cuatro años, ¿podremos decir basta a algunos mitos que nos perforaron los cerebros desde hace más de diez años, y eso por hacer un corte antojadizo? En las charlas que doy siempre elijo una definición de mito de R. Barthes, para abrir la idea, porque no se trata de la mitología de distintas culturas o cosmovisiones, sino de otra muy distinta: la mitología creada por la cultura de masas. Un mito “es un habla que se repite”, dice Barthes. Una estructura de pensamiento. Un corset. Un yeso, una bacteria intelectual y emocional. Un veneno que se parece a un paisaje: lo miran millones de personas que creen que llueve cuando hay sol, o viceversa.

Ya no se trata de pensar de una manera determinada, sino de no pensar y repetir lo que repite gente como Majul, Lanata, Leuco, Longobardi, y toda esa larga lista de “periodistas” neoliberales que se escudan precisamente en lo mismo que se escuda el neoliberalismo. ¿Alguien escuchó alguna vez a algún dirigente o periodista decirse neoliberal? No. Se llaman a sí mismos “republicanos”, sencillamente porque la palabra “república” aún conserva su aura y la palabra “neoliberal” no se sostiene sola porque le escondieron la hilacha durante medio siglo, el último del siglo XX, pero ya está a la vista que significa. Aplastamiento de sectores populares y medios a favor de elites cada vez más estrechas. Chile, el ejemplo, estalló y está a la vista su la podredumbre de ese modelo. Basta.

Ellos van a seguir repitiendo mitos para que mucha gente se los crea. Fue por uno de esos mitos que muchos empleados en blanco de pymes que comenzaban a integrar por fin la clase media se equivocaron al elegir un gobierno que se proponía hacerlos volver a caer en la pobreza y la indigencia. Son mitos construidos por el poder real y difundidos por la clase alta del periodismo. Van a seguir inventando mitos contra lo popular, contra lo colectivo y contra el avance de cualquier idea emancipatoria. Son los virreyes de los nuevos colonizadores.

No podemos ser tan permeables y débiles otra vez. No podemos depositar ni en una persona ni en un grupo ni en un diario ni en un programa de televisión la tarea de desmontar los mitos para que la mayor cantidad de gente posible vuelva a la realidad. Tenemos que evitar que las mentiras vuelvan a carcomernos la mente, y deshacer los mitos apenas tomen forma, porque una vez que se seca su pegamento, siguen allí. Los mitos antipopulistas no son más que reactualizaciones de los mitos de los golpistas del 55. En cada país se retoman mitos históricos contra lo popular.

Han logrado cosas impensables. Como que tanta gente se dispare en el pie con tal de que la gente que han aprendido a odiar por los mitos que les cuentan la pase mal. Eso ya pasó demasiadas veces y sufrimos demasiado para no generar ahora contrarrelatos antimíticos, que son tan necesarios como las medidas anticíclicas. Fue un mal comienzo haber creído que el 40% que va resultando un 38%, era algo que merecía más análisis que nuestra victoria. Hasta que no logremos empoderar nuestras ideas para poder gritárselas claramente en la cara a cualquiera que venga con un mito, todo será provisorio. Se queremos que vivir en paz y en democracia real y permanente, habrá que tomarse muy en serio la desmitificación de la realidad.

¿Te gustó?  Compartilo 👇

WhatsApp
Telegram
Categorías
Política

Apunte 2 sobre Rosario

Quedó mucho por decir sobre lo que reverberó en Rosario. El inicial “Se siente, se siente, Alberto Presidente” será reformulado en breve por algún otro cántico que le pertenezca más a Alberto, que lo ubique mejor en el lugar que está ocupando. Su responsabilidad es enorme. Es él la amalgama. La tensión de los cierres de campaña lo mostraron airoso, como en las entrevistas sin red en las que refutó, negó o superpuso su propia visión por sobre los blablá de los entrevistadores de los Grupos. Mantiene la cordialidad pero ya ha bajado la línea principal de su gobierno: mirar y tratar con deferencia al pueblo y no a las corporaciones, recuperar el Estado para el pueblo. Eso no es gratis ni será sencillo. Siempre conviene recordar que no estamos ante elecciones comunes y corrientes, sino ante una decisión colectiva que o bien intentará el reflote de la vida digna, o bien convertirá a este país en basural material y simbólico. Y del otro lado está la mafia. Esa que nos mantendrá cortando clavos el domingo. A Alberto le toca su turno en este momento crucial y límite. Y él no parece agobiado ni irritado: lo vemos nadar en aguas a las que no les teme.

Y está ella. La que dijo “Si yo estoy acá parada, es por ustedes, por el amor que me tienen. Que es recíproco, inclaudicable, insobornable”. Lo sabemos, Cristina. Esa mujer perseguida por un aparato ilegal, junto a toda su familia, tiene ahora a su hija menor enferma, perdió hace poco a su madre, no pudo hacer el duelo por su compañero porque no dejó el gobierno ni un solo día, y después entendimos por qué no lo dejó: ya entonces estaba rodeada de funcionarios, legisladores y gobernadores que no la querían y en quienes no pudo descansar.

Y pese a todo, cuando la conclusión política fue que incluso quienes le habían dado la espalda eran necesarios para que el pueblo argentino tuviera la chance de dejar atrás esta pesadilla, Cristina estuvo a su propia altura: se corrió a un costado y lo miró a Alberto. Y todos supimos que ella mejor que cualquiera de nosotros estaba viendo cuál era la salida del laberinto. Su palabra ordenó. Y Alberto tejió el Frente que hoy nos hace más fuertes, y ya somos mejores porque estamos haciendo política. Este Frente es el hijo de la política que nos gusta. Y lo defenderemos como tal.

Somos contemporáneos de un mito, escribí hace un tiempo. Que un paso al costado haya logrado que lleguemos a esta instancia con tanta expectativa y esperanza es la prueba de que la política es eso cuando se la concibe como un servicio al pueblo y no como una herramienta de ambición personal. Haber planeado por sobre la confusión y haber tomado las decisiones que tomó, la hacen más mítica todavía. Lo que esperábamos de ella era su habilidad para saltar por arriba de los obstáculos que le ponen. Lo hizo de nuevo. Demos gracias por ser contemporáneos de esta
mujer. No hay muchos dirigentes ni aquí ni en ninguna parte tan personalmente consustanciados con sus representados. Ese es el lujo que nos damos. Mirá, Macri.

Categorías
Política

La inteligencia al poder

Ya desde media tarde, cuando los alrededores del Monumento a la Bandera estaban colmándose de gente, y algunos de los que estaban ahí daban sus testimonios, era obvio por qué Macri les pidió a sus votantes que no den argumentos. Los argumentos son todos del Frente de Todos. De arriba para abajo y de abajo para arriba y viceversa. Lo que se vio antes, durante y después del cierre de campaña fue un fenómeno de representación política: qué sed, qué hambre, qué necesidad de representación política tenemos. Había lágrimas. Muchas. Conexión. Comunicación entre los que estaban abajo del escenario y los que lo veíamos por la televisión, con Cristina y Alberto. Son ellos los que votaremos porque creemos en lo que dicen, y lo que dicen es lo que queremos decir y vivir nosotros.

Cristina habló en un tramo de su discurso sobre la importancia inexorable de la inteligencia, ya que todos los otros recursos alguna vez se extinguen. Y un paneo rápido por el escenario, más un flash de los últimos dos o tres meses, nos certifican que sí, que hemos hecho lo correcto, que la unidad de los sectores del campo nacional y popular es el primer y decisivo paso para salir de esta trampa mortífera en la que caímos precisamente por no tener presente que el enemigo, siempre, gana gracias a las divisiones.

Tanto la gente que fue, que articulaba con racionalidad y emocionalidad lo que ya no le es soportable de la vida que ofrece el modelo neoliberal, como los movimientos políticos recientes que, gracias al panóptico de Cristina, han permitido la consolidación de este Frente, son la esperanza. La inteligencia debe volver al poder.