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La cuarentena más larga del mundo es la de Milagro, no jodan

Dice P.Bullrich que está “para bancar”. A los jóvenes. Dice que “no hay que estigmatizarlos”. A esta altura, después de haber visto a los Trump boys intentar copar el Capitolio, da pereza hablar sobre P. Bullrich, pero es lo que hay. 

La pandemia les calzó bien, igual que a la ultraderecha de cualquier parte. Han reconvertido a la salud pública en un “aparato represivo” y han asimilado la “libertad” a la que pregonan los falsos libertarios, que si no fueran tan falsos no brindarían con los nazis ni con los falangistas, como lo hacen en todo el mundo. 

Aquí estamos con una subida de casos que vuelve a hacer temer un colapso. Que haya nuevas restricciones (aunque la verdad casi no las hay) era previsible cuando empezamos a ver a miles de jóvenes y adultos hacer como si incluso con las primeras dosis de la vacuna que impugnan por su procedencia, la pandemia hubiera hecho su retirada. 

¿Nos hemos vuelto todos idiotas? ¿Qué clima familiar es el que viven esos pibes que posiblemente si se contagian la pasen leve pero en el camino dejarán un tendal de muertos? ¿Desde cuándo P.Bullrich banca algo que no sea su propio beneficio? ¿Hasta cuándo habrá que soportar que dirigentes mentirosos, mafiosos, persecutorios, corruptos, se explayen en cadena y suelten sus globos putrefactos para que esas ideas circulen con fruición en nuestra sociedad? 

El gobierno que elegimos es tierno. Algunos queríamos un poco más de garra y de acción, no de declamaciones. ¿Los jóvenes y los adultos están hartos de “la cuarentena más larga del mundo”? Miren: hay una mujer que está haciendo la cuarentena más larga del mundo y parece que no le importa a nadie. Milagro Sala fue puesta en una cuarentena siniestra por Gerardo Morales hace 5 años. Amado Boudou fue condenado por la Corte Suprema sin fundamentos. ¿Son temas distintos? No.   

Si hablamos de la libertad, hablemos de la libertad. De las restricciones estamos hartos todos, pero en estos meses hemos visto morir a miles de personas y seguiremos viendo cómo las infecciones pican cerca y el miedo corroe de noche y los pensamientos nublan la razón. 

Pero si no se tratara de un virus, si fuera la erupción de todos los volcanes del mundo juntos (no lo descarten, porque el planeta está furioso), ¿qué dirían? No estamos cuidándonos ni dejando de ver a gente querida ni casi olvidando cómo era una fiesta porque nos encante este estilo de vida. Lo hacemos para no morir y no contribuir a que muera nadie. 

La libertad no es una fiesta clandestina. Eso en este contexto es una pelotudez. Los que van a esos lugares rompiendo todas las reglas son los auténticos responsables de que las olas del virus se renueven. No son chicos rebeldes, son imbéciles que creen que su goce vale más que la vida incluso de quienes quizá ellos quieran. 

Todo está patas arriba, sobre todo el lenguaje. Lástima que los medios que nos envenenaron la vida sigan gozando de la pauta pública de la que los medios pequeños carecen. ¿Cuándo se va a rever ese sinsentido creado por los fuertes, y que hace que cuanto más grande y potente sea un medio más recaude del Estado? ¿Ese no es un Estado bobo? Pido disculpas si ofendo, pero yo creo que sí. 

Todo está vinculado, porque la mafia sigue operando sobre el sentido común, porque los mercenarios siguen propalando disparates y maldades, y estamos a su merced, repodridos de la misma cantinela destituyente desde más de diez años. Siguen ejerciendo violencia simbólica contra Cristina, dibujándola con una soga en el cuello… y con nuestro dinero. 

En el lenguaje reside el huevo de la serpiente, siempre ha anidado allí. Si el gobierno no decide plantear en serio la lucha por el sentido común, P.Bullrich seguirá habilitada a “bancar a los pibes”, con Santiago Maldonado y tantos otros en la conciencia. 

¿Otra vez hablarán de infectadura? Pero claro que sí. No hay salida si no se identifica qué puerta abrir para que entre un poco de aire. ¿Será capaz este gobierno de abrirla? Yo banco, como tantos millones, pero grito. Es lo mínimo que se puede hacer cuando uno ve tantos errores. Grito por honestidad intelectual, porque después de nueve meses de confinamiento no por las restricciones sino por los  idiotas y egoístas que no cumplen las reglas, tengo la sensación de que de un lado hay gente voluntariosa y anhelante de una armonía imposible, y del otro gente que aprovecha la muerte en su propio beneficio. 

El silencio no es salud, y el grito a veces es obligatorio.

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Anticuarentenas y liderazgos

Vemos las caras de los anticuarentena, pero no las de los muertos. Vemos los ojos desorbitados, los ojos con derrames de ira, pero no vemos los ojos que ya están cerrados. Escuchamos las voces de los negacionistas, pero las de los infectólogos suenan “molestas” a los que insisten en que todo es un “invento”. Esto faltaba en las distopías conocidas: que los médicos fueran el objeto de odio de los que quizá mañana mismo los necesiten.

El virus no es uno solo. “Viralizar” era hasta hace pocos meses una expresión de redes: se viralizan noticias, verdaderas y falsas, pero a lo que asistimos mudos es a la viralización de un tipo de desvío mental y emocional que hace que el odio se manifieste en argumentos inconexos que mezclan a Venezuela con Valenzuela, a Bill Gates con “fetos abortados”, a eventuales vacunas con “chips de control”. Esos argumentos los esgrimen personas que precisamente están bajo el control de la fandemia, que imaginan conspiraciones casi galácticas cuando la conspiración evidente es la de la ultraderecha del mundo contra cualquier solución que no sea volver a poner todo en marcha de nuevo, como antes, como si “antes” existiera. Y no se desconoce la desesperación legítima de tantos que no pueden retomar sus trabajos, pero el control les hace inimaginable un auxilio derivado de impuestos nuevos a la punta de la pirámide. Es difícil pilotearse a uno mismo cuando se choca de frente contra el desequilibrio horneado en usinas que buscan que explote todo para recuperar las riendas de un orden extinguido.

Suelo mirar una página italiana que descubrí hace un tiempo y que por la que creí que estaba de paso. No pasé. Volví. Muchas veces. NoiDenunceremo tiene base en Lombardía, y recién ahora, pasados un par de meses del colapso, sirve para que las familias que sufrieron pérdidas de abuelos o de padres o madres o hijos rindan su homenaje, describan al que no está y suban sus fotos en cumpleaños, en casamientos, en plazas, riendo. Los recuerdan riendo. Sus familias lloran todavía la soledad de dos puntas a las que las sometió la mala gestión política de la pandemia. En un extremo, los contagiados que entraron a algún centro de salud y ya no volvieron a salir, y en la otra, los que los amaban y sólo en algunos casos pudieron mandarles mensajes de despedida vía whatsapp cuando los médicos les avisaban que se acercaba en final.

No les vemos las caras a los muertos porque es una manera de proteger una intimidad que no pudo ser tal por las características de esta enfermedad. Pero entonces se convierten en números, en listas, en estadísticas, en pantallazos de “alertas” que nos llaman desde el televisor cuando estamos en el baño o la cocina y están por anunciar a los caídos del día. Por eso, creo, vuelvo a NoiDenunceremo. Porque por un lado se me hizo necesario, extrañamente, ver con mis propios ojos los ojos llenos de vida de esos miles de italianos del norte que no recibieron la asistencia adecuada pese a que en marzo ya se sabía que lo único seguro era el distanciamiento social y así y todo, el polo industrial nunca cerró, y así y todo los barbijos no eran obligatorios ni Bérgamo era zona roja.

No soy la única que busca en esa página historias reales de personas reales. Veo un comentario que llega desde Estados Unidos: “Aquí nadie habla de los muertos. No sabemos quiénes son ni qué ha pasado con ellos. Por eso leo las historias de ustedes”, dice.

El virus de la fandemia coloca a millones de personas en un estado infantil de “no soportar más” el encierro. Como si alguien que debe ser operado “no soportara más” el hospital y se diera a la fuga. Como si otro “no soportara más” no meter el dedo en el enchufe. Esa intolerancia a algo desagradable, perdidoso y lleno de angustia, como es la cuarentena, esa imposibilidad de frustración, toma naturalmente algo de la realidad: la ansiedad y la hipocondría acechan, los seres queridos se extrañan, el cuerpo inmóvil duele, la mente atiborrada de imágenes y de datos contradictorios se nubla. Pero a la verdad le suman la mentira para puerilizar a los que les creen: millones de personas que por ejemplo, en Miami, “no soportan más” no ir a la playa, o por ejemplo en Niza o acá nomás, “no soportan más” no bailar en fiestas electrónicas o no jugar al póker.

La discordia no es con gente racional con la que se pueden discutir estrategias, diagnósticos o información, sino con personas que odian que les pongan un límite, aunque tenga que ver con su propia supervivencia. Todas esas personas han bajado de la nave del odio, que no se detendrá aunque se abra la economía. La nave ya existía y subía a bordo a los bien predispuestos a no creer en un médico pero sí a creer en políticos que odian la política y que les han mentido descaradamente para llevarlos en la nave. Tomará nuevas formas. Seguirán instalados en ese lugar impreciso que también a ellos los incomoda, y esa incomodidad los violenta.

Los grandes movimientos simultáneos a la pandemia, como la rebelión negra en EE.UU, o los choques sociales en Chile, o en Francia, no tienen liderazgos. Los negros que decapitan estatuas de esclavistas en EE.UU, se llaman a sí mismos woke (despiertos), como en Chile, poco antes de esta pesadilla, se gritaba que el pueblo “ya despertó”. Un libro, White Fragility, que hace dos años no causó revuelo, trepa al puesto número uno dela lista del NYT. El libro explica la sucesión de mecanismos defensivos que se ponen en marcha cuando un blanco es acusado de racista: el resultado siempre es un refuerzo del racismo, nunca una merma de su intensidad. Eso explica en parte por qué han decapitado la estatua de esclavistas de la Guerra de Secesión, pero también la de Lincoln, que abolió la esclavitud. Sí, se abolió. Pero el sistema racista es tan perfecto que no ha dejado de cegar vidas negras nunca, ni por un momento, gobernaran republicanos o demócratas. Otra vez el paralelo con Chile, aunque se podría trazar con cualquier otro país latinoamericano: el poder nunca cambió ni el color de la piel ni la clase social. Esa estalactita histórica es la que se quiebra, y no se quiere quebrar, cueste lo que cueste.

Es cierto, como aseguran muchos interpretadores de época, que el capitalismo es un hueso duro de roer. Pero éste ni siquiera es el capitalismo contra el que se sabía cómo luchar: las protestas de médicos residentes a los que Madrid no les paga, los expone. Hay más probabilidades de que se enfermen que de que consigan imponer sus reclamos.

El capitalismo no es un sistema rígido: el que nos confunde ahora es otro, de tinte ferozmente autoritario, que no es el del dueño de la fábrica ni de la empresa. La corporación es anónima y no necesita ni mano de obra ni clientes: necesita que el dinero se multiplique. Frente a esta malformación política y mental de los negacionistas, en algunos países como el nuestro, quedan los liderazgos. En muchos lugares se rechazan los liderazgos “porque vienen a hacer política con nuestro dolor”. Sí. Se trata de hacer política, no usufructuando el dolor sino poniéndole límite a la extracción vampira de vida. Sí. Eso se llama política. Y funciona con liderazgos que asuman la responsabilidad feroz de tomar decisiones.

Que quienes se rebelan contra el statu quo se nieguen a dejar germinar los liderazgos, es también parte del engaño, un subproducto de la nave del odio. Si se conserva un poco de cordura, se entenderá fácilmente que sólo aquellos colectivos que se organicen bajo liderazgos claros tendrán alguna chance. Nos lo dice la historia. No rifemos, por embotamiento, confusión o ansiedad, ni un milímetro de esa oportunidad, porque si algo tenemos son liderazgos, disímiles, matizados, a veces contradictorios: pero con un mismo propósito. La comunidad organizada es la única que con suerte podrá encontrar un rumbo en esta oscuridad.

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Sociedad

Una breve nota feminista

A raíz del “paseo” que Alberto le dio a una mediocre conductora televisiva, no faltaron las macrifeministas diciendo que había sido violento y no sé cuántas cosas más. Y me permito una reflexión (opinable, pero reflexión al fin).

Mi opción por el feminismo viene dada no porque “la mujer es mujer” (en cuyo caso merece tanto respeto como el varón por ser varón) sino porque la mujer ha sido una de las grandes víctimas de la historia de la humanidad. Podríamos mencionar otros “colectivos” que también aplican: los negros, los indígenas, y más recientemente gitanos, homosexuales y otros más. ¡Victimas sin duda alguna! Sin embargo, es evidente que eso no aplica a “todas” las mujeres; ha habido reinas perversas, amas maltratadoras de sus esclavos, y otros grupos más (gerentas de empresas, por ejemplo… o periodistas). Nada niega todo lo anterior. Por eso la enorme teóloga feminista Elisabeh Schüssler Firenza acuño el neologismo “kyriarcado”, porque hay mujeres (poquísimas, sin duda, por eso no sirve como “excusa” como suele usarse patriarcalmente) que tienen el “amo” (kyrios) introyectado y actúan como tales. Pregunto, ¿es razonable que un esclavo se libere de su ama, o que detestemos a la “dama de hierro” Margareth Thatcher? Creo que no caben dudas. ¡Sí lo es! El poder que tiene un micrófono (“yo soy la periodista (y pregunto lo que quiero)”, que significa “¡acá mando yo!”) sin duda pone al entrevistado en una situación de debilidad. Lo que hizo Alberto fue dignidad… y paciencia. ¿O resulta que, a una supuesta periodista, traída a los MCS por el genocida Bussi, ahora tenemos que pedirle perdón por “cantarle las cuarenta”?

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Política Recortes de Radio

El «campo» quiere especular a tasa baja

Recorte del día 21 de Mayo de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política Recortes de Radio

La pelea es por la sensatez.

Recorte del día 4 de Mayo de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política Recortes de Radio

Y Macri vino a hablar de libertad

Recorte del día 24 de Abril de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política internacional Recortes de Radio

El riesgo de los pueblos amazónicos, que siguen invisibles.

Recorte del día 22 de Abril de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

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Política internacional

Crónica desesperada desde Ecuador

Hoy no escribo un texto. Lo de hoy es un grito desesperado. En Ecuador nos están dejando morir.

No es una sensación, es una realidad. Hace tiempo que lo vienen preparando y esta pandemia se los sirvió en bandeja. No alcanzó con la traición bien planificada de Lenin Moreno, ni con el esfuerzo denonado por menospreciar lo hecho por Correa. Era necesario un castigo ejemplar. Decirle a este pueblo de indios que Atahualpa ya había muerto, que a los dirigentes indígenas ya los habían comprado, que ellos habían vuelto para normalizar la patria.
Hoy no es que se les fue de la mano a pesar del esfuerzo. Hoy es el resultado del esfuerzo hecho para castigar. El resultado del odio, de la inoperancia, de la traición.

La cuarentena sin paliativos, sin contención, sin el estado presente es simplemente aislar para matar de a uno y sin capacidad de resistencia. La desinformación coadyuva a la parálisis que también aisla. En las ciudades donde las autoridades mantuvieron el tejido social, la idea de pueblo, el sentido solidario están sobreviviendo. En donde culturalmente prima el sentido comunitario en torno a la tierra y su producción es donde menos efectividad tiene esta máquina de muerte.

Los muertos en la calle es la manera obscena de mostrar el castigo. Las dictaduras militares dejan los ejecutados en la calles como escarmiento y forma de sembrar el terror. Aqui está bien mostrado el sadismo de dejarlos librados a su suerte. No aparecen en el Guayaquil coqueto, el del modelo exitoso. Aparecen donde se vive apiñado, sin servicios o precarios, con un calor sofocante, donde la muerte se pasea con naturalidad y no hay recursos para pagar 1000 dólares el servicio funerario.

Es tal la desidia y el volumen de cadáveres acumulados que ya van apareciendo adentro de camiones de transportes de alimento conducidos hacia otros lugares de la provincia o del país. Esto no es exageración , ni son las hordas correístas bombardeando con falsa información. Es la triste consecuencia de un estado ausente, mentiroso, corrupto hasta la médula y dispuesto a no permitir que el fastidio ciudadano madure en organización..

Se nos piden datos numéricos que nada dicen ni representan, pues todos son datos mentirosos. Los médicos amenazados con que si divulgan datos son echados. A los cadáveres no se les realiza autopsia. Lo que sí podemos contar son historias. Amparito Salinas, encontrada en su casa sin alimento y sin vida. Rosa Escobar, que habiéndose acabado el oxígeno que tenía salió a la vereda y con gritos desesperados murió frente a la mirada impotente de sus vecinos. La familia de los Barriga a quienes encontraron toditos abrazados en la única cama de su habitación, y también los hermanitos Castro, a quienes alguien llevó ante la puerta del hospital y los dejó sentados en una silla hasta que sus cuerpos inertes llamaron la atención de algún enfermero.

Estas son historias concretas de gente concreta que se cuentan por cada barrio pobre de Guayaquil. La vida no vale nada, como canta blades.

A los médicos de la salud pública les está prohibido hacer reanimaciones, cuando llega la neumonía se abandona al paciente y el oxígeno cuando se acaba no se repone. Pero mientras tanto se paga al FMI 320 millones de dólares. Esa es la prioridad.

A nadie extraña que la ministra de gobierno no tenga respuestas o mienta. Es vieja conocida. Comandó la represión en las protestas de octubre. ¿Qué significa para ella una persona más o menos? En Baños quiso meter calladita a cinco policías presuntamente contagiados a pasar la cuarentena en la escuela de policía. Enterado el alcalde le negó el permiso. La respuesta fue dejar a baños sin policía y en consecuencia sin seguridad.

Un vecino de Guayaquil luego de perder su segundo familiar gravó un video quejándose en duros términos de las autoridades y hoy está preso.

Buscan distraer y de paso demonizar a Correa y en un lawfare versión bananera lo condenaron a 8 años de prisión y 25 de inhabilitación por corrupto, mientras ellos hacen negocios con la compra de mascarillas o separan parte de las ayudas internacionales para sus propias campañas.

Así se maneja este gobierno.

Ecuador está agonizando. Ayúdennos a que viva.

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Nuevos crímenes contra la humanidad

La crisis económica será quizá la peor de todas. Hacia qué lado el mundo cambie, tendrá que ver con cuántas personas son capaces de comprender su época, que es la que implosionó. 

Hace largos meses, cuando en la agenda mundial se agregaba el cambio climático y la inminente megaextinción de especies, el filósofo italiano Franco Berardi dijo una frase que la pandemia trae, como una botella que rueda en la arena saliendo del mar. Dijo: “El capitalismo ha muerto, pero estamos viviendo adentro de su cadáver”.

Los lectores de las épocas que les tocan suelen tener esos aciertos que de tan afilados permanecen de base para otras generaciones, porque captan no una característica, sino una dinámica. Como Jauretche y tantos otros. No ven la foto en una revista: miran el movimiento de la vida y las emociones que la envuelven. Y cada vez hacen más falta esas linternas, porque lo que ha pasado con la información es un apagón, y hemos vuelto a una caverna. El mundo ya era difícil de comprender cuando sobrevino este desastre cuyo origen sigue en estudio. Aumentaron las fuentes que abren la posibilidad de que finalmente no haya sigo el murciélago, sino que se haya originado más al sur, en zonas de agricultura industrial intensificada.

Se habla de fandemia: es la información que hace del mundo una caverna, porque circulan noticias falsas en todos los niveles y como todo es posible ahora, son todavía más poderosas las noticias falsas. Informativamente, vivimos hace muchas décadas en cuarentena. Tenemos que cuidarnos de los otros, de nosotros mismos y de lo que escuchamos. El otro día circuló un afiche cuyo texto no sé de quién es pero aplica: “No creas todo lo que piensas”. Hubo cacerolas también en España, y circuló ese video en el que un pibe con una remera cristinista daba un discurso impecable desde su balcón. Esa gente caceroleaba en España porque el gobierno, tarde, ha tomado medidas que hace entrar a España en el modo racional y recomendado por la comunidad científica frente a la pandemia. Pero además se habían tomado medidas económicas de salvataje, esta vez no de los bancos, como en 2009, sino de los inquilinos y de los trabajadores en cuarentena. Y protestaba, esa gente, porque es franquista o del PP, que destruyó el aparato sanitario español. Y protestaba en medio de los muertos, que incluso son los apolíticos. Bajeza, decía el pibe. Baja ralea, decía. Vergüenza de no poder inteligir que no es momento para hacer las cuentas del almacén, en pleno terremoto.

En Brasil, la Asociación Brasileña de Juristas por la Democracia (ABJD) denunció formalmente a Jair Bolsonaro ante la Corte Penal Internacional, por considerar que sus políticas están poniendo en riesgo la vida de la población brasileña. “Por acción u omisión, Bolsonaro pone la vida de la población en riesgo, perpetra crímenes que exigen la actuación de la Corte Penal Internacional para proteger la vida de miles de personas”, reza un párrafo acusatorio de un presidente que quiere echar a su ministro de Salud porque prefiere fingir que le cree más a su pastor. Los neopentecostales están pidiendo campos de concentración para los infectados.

Y es interesante comenzar a mirar las políticas anticuarentena, que son las que adoptaron los países cuyos mandantes son los mercados y no la política representativa de la totalidad de la población, como crímenes contra la humanidad. Porque lo son. Porque tienen distintos matices y escalas diferentes, pero en cada país en el que se privilegió la economía por sobre la vida de las personas, forman un mapa. Un mapa del mercado apretando para todo lo que está parado vuelva a funcionar, necia, extemporáneamente, porque el mercado no soporta la abstinencia de ganancia extraordinaria, pero hay que darle metadona.

Y ahí están los muertos pudriéndose en las calles de Guayaquil, con un Lenin Moreno cuya primera reacción ante la pandemia fue un recorte a sanidad, y la segunda mandar paramilitares a la frontera con Venezuela. Y está Trump pensando en enterrar los muertos en los parques, y pensando en ataques a otros países. Y Boris Johnson en terapia intensiva, después de haber bufarronado sobre el virus. ¿De qué primer mundo estamos hablando? Si lo que vemos también en el ombligo del poder son bananas.

Todo cambió por mucho tiempo, porque la crisis económica será quizá la peor de todas, peor que la del ’30. Hacia qué lado cambie, tendrá que ver con cuántas personas son capaces de comprender su época, que es la que implosionó. Los Estados que estaban tan poco unidos se ven forzados a pelear por respiradores, porque el Estado federal no los compró para una distribución racional. Hasta eso ha quedado en manos del mercado.

Por eso es falso el versus economía o vida. A quién le cabe en la cabeza. Lo único que se debería estar pensando en los sectores que presionan aunque ellos también pueden morir, es cómo hacer para sumarse a la solución de la crisis. Lo contrario es condenar a millones y empieza a tomar forma de crimen masivo. Eso debería ser penado como un crimen contra la humanidad. No cualquier política es una política. Algunas, las que incluyen soluciones finales, son crímenes.