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Contratapa Página/12 Opinión

¿La libertad de dejar morir?

“Andate rata infectada” le dejaron dicho a una médica riojana a la que le incendiaron al auto los vecinos. A un enfermero de Córdoba, los suyos lo atacaron a golpes y le dejaron la cara morada. Apenas dos casos entre muchos otros, mientras Macri regresa junto a la comparsa negacionista a hablar de “autoritarismo” en la estrategia de la cuarentena. No le echó la culpa a China, como su mentor, pero “teme” que el gobierno incurra en “autoritarismos”. Han infectado las palabras. Han infectado la palabra “libertad” con el reemplazo de defensa de la vida por libre circulación y acumulación del dinero, y a como dé lugar.

A miles de kilómetros, en el ombligo del imperio que se deshace, gente armada hasta los dientes salió a amenazar a la gobernadora de Michigan, que implantó una cuarentena en serio, no un simulacro como el que pretendió hacer Trump, desentendiéndose del manejo federal de la pandemia, después de negar la gravedad del contagio, las recomendaciones de la OMS, los consejos de los infectólogos de su país, y de buena parte de la opinión pública. Tiene sobre los hombros miles de muertes diarias.

¿Cómo llegan al poder los desequilibrados? Con el voto de los desequilibrados que el sistema multiplica con la repetición de las mentiras y la cizaña que diariamente roe en los temerosos y los resentidos. En la televisión local tenemos a unos cuantos que siguen operando para romper el frente interno de prevenciones, protocolos y sensatez: multiplican mensajes en formato de clichés, abren sus espacios para las voces que ya saben que van a apuntar contra la cuarentena.

Conocemos perfectamente a este tipo de presidentes que nunca se hacen responsables de nada. Trump reaccionó quitándole el apoyo financiero a la OMS, acusándola de un “complot” con China. Es pueril, bruto y cobarde, y en eso basa sus expectativas electorales. Precisamente, en Colorado, donde también hubo violentas protestas trumpistas contra la cuarentena, a un enfermero los enajenados le gritaban: “Andate a China”. Trump y sus símiles necesitan que los desequilibrados se reproduzcan, que los irracionales aumenten, que al miedo lo remplace el odio, para extraer del odio alguna loca idea de “libertad”.

La lista podría abundar en muchos más ejemplos de irracionalidad y primitivismo medieval. Las hordas de la libertad pretenden “freedom”. “I prefer a dangerous freedom”(Yo prefiero una libertad peligrosa), rezaba una pancarta que una rubia de mediana edad sacaba por la ventanilla de su auto durante una caravana de protesta. Pichetto dice algo por el estilo. La palabra libertad es una de las que más consensos globales tiene, pero se defienden cosas opuestas en su nombre. Los libertarios, que aborrecen la intervención del Estado, creen que en este momento pueden defender su libertad individual, pero no advierten que ese concepto quedó atravesado por la pandemia. Literalmente, nadie tiene la libertad de salir a la calle o al trabajo a morir, sencillamente porque no está en el menú de opciones. Quien se expone a contagiarse se expone a contagiar. Y ahí se diluye la libertad individual en el derecho superior de la vida.

Todos los gobiernos que están enfocados en proteger a su población no pierden tiempo en echar culpas y hacer especulaciones públicas. Diseñan diariamente estrategias para morigerar el daño. Los otros, los que están gobernados por gente como Trump o Bolsonaro, que es una copia bananera de Trump, sacan las armas.

Nunca estuvo más claro que hay un desvío existencial en mucha gente, una regresión a pulsiones reservadas a épocas oscuras, una autodefensa que no se corresponde con el real enemigo, que es el virus, y que reacciona como han reaccionado en diversos momentos históricos los que cazaban brujas, los delatores, los linchadores, los que se entretenían viendo a leones despedazar cristianos en la arena.

Estados Unidos está expuesto hoy como un país descontrolado, cocainómano pero además y sobre todo por su dependencia del dinero. Su violencia ahora la tiene en casa. Y esas armas que tanto defienden los trumpistas y que tanto los identifican quién sabe contra quiénes se dirigirán. El virus en todas partes, no se ataca con rifles sino con ciencia. Las bajas fueron en un altísimo porcentaje de ancianos, indocumentados, latinos y afrodescendientes. Es decir, población que estorba o población trabajadora y reemplazable.

La cuarentena es la única vía conocida hasta ahora para mantener baja la curva de muertes. La economía paralizada a escala global traerá consecuencias inminentes sobre las que ya cabalgan los que estúpidamente piden “libertad”. Ya tienen a Bérgamo en su historial: el polo industrial nunca paró ni fue declarado zona roja. Las patronales y los Ceos saben que un obrero o trabajador contagiado infectará las fábricas y los comercios. Su plan es sencillo: los que se infecten serán reemplazados por otros desesperados.

Es obvio que la paralización de la economía global traerá pestes sociales, y cada país deberá darle una respuesta a su población más débil. En todo el mundo, los países deberán generar planes de reconstrucción, también a través de medidas extraordinarias como las circunstancias. Y no después, porque no sabemos cuándo terminará, sino en el mientras tanto, porque hay mucha gente que no puede esperar más. En la Argentina, el oficialismo propone que las fortunas más grandes hagan un aporte por única vez. Pero la oposición se niega no sólo por una defensa de clase. También, porque su cinismo y su doble discurso es tan ferozmente grave, que especulan políticamente con un desastre sanitario.

La lucha contra la pandemia no puede ser partidizada. O en todo caso, todos los partidos deberían dar prueba de la opción por la vida. No es así y no sólo aquí. Y no es así porque tenemos un nuevo gobierno cuya dinámica y dedicación al trabajo es visible, pero no nos hemos descolonizado. No se trata de un cambio de gobierno. Es más intenso. Tal como están las cosas, sin embargo, que Macri tenga el tupé de venir en línea Paolo Rocca-Vargas Llosa y no sea abrumadoramente abucheado indica que la fábrica de desequilibrados no cerró nunca ni cerrará. Porque está al servicio del mejor postor.

Está todo a la vista. Se quiebra la cuarentena en el área metropolitana y seremos Nueva York o Guayaquil. La libertad de mandar al muere a los demás no es un tipo de libertad compatible con el Estado de Derecho. La opción por la vida, lo sabemos aunque no podemos imaginar sus dimensiones, traerá necesidades a granel que el Estado, que finalmente sí recibió una pesada herencia porque Macri destruyó todo lo que había y sus funcionarios nos robaron la deuda externa completa, no las podrá afrontar solo. Ayudar a salvar vidas les toca a los más ricos, porque los demás ya han puesto primero su fuerza de trabajo o su desempleo, y ahora pueden perder la vida. Paolo Rocca y su club lobista de privilegiados pide “libertad”. ¿No es ridículo? Es además canalla, como todos los que operan para ellos desde los medios, y los poderes Judicial y Legislativo.

Y a los desequilibrados que entrevistando o siendo entrevistados lanzan frases parecidas a las de la norteamericana (“Yo prefiero una libertad peligrosa”), y cuyos mensajes peligrosos prenden en los desesperados que los ven, habrá que tratarlos como lo que son. Caretas que hablan en falsete sobre un escenario que no existe. Lo que existe, lo real, es que estamos atravesando una experiencia colectiva dramática, que estamos forzados a ir en cámara lenta, con nuestras vidas totalmente trastornadas, para atajar los miles de problemas gravísimos que hace dos meses no existían. Lo estamos haciendo bien. No sólo hace falta disciplina y flexibilidad emocional para aguantar lo que viene. Hace falta sobre todo la convicción colectiva de que la vida, la propia y la ajena, es un valor superior a una cuenta off shore. Las cartas están sobre la mesa. 

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Política Recortes de Radio

Y Macri vino a hablar de libertad

Recorte del día 24 de Abril de 2020

Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

Escuchá todos los recortes en radiocut.fm

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Política

Esta vez no, muchachos

Ayer Rocca, hoy Caputo, trabajan para romper a cuarentena, o quizá no exactamente: trabajan para tirar la catástrofe sobre los hombros del peronismo. Un número descontrolado de muertos, escenas imposibles de soportar como las que llegan desde Europa o Estados Unidos aquí no serían posibles: si viendo cómo se exponen y se desloman desde el Presidente hasta los intendentes de pueblos de pocos habitantes para salvaguardar vidas y ganar tiempo mientras se refuerza el sistema sanitario que desmantelaron los Ceos, hay gente que sale a cacerolear para “los políticos” se bajen el sueldo, escenas como ésas terminarían en una crisis institucional fogoneada por el círculo rojo, al que la vida en general le importa un comino. Ya lo demostraron. Ya mataron 30.000 y ellos hicieron silencio y negocios.

Rocca, Caputo, Macri. La gente de los balcones trabaja de extra para ellos. El mito de “los políticos son todos iguales” fue el que llevó a exponentes de lo peor de lo humano al poder. No sólo no son todos iguales, sino que sin política sólo quedan los negocios. Y la gente que vive en uno o dos ambientes y está apretada y endeudada y estafada por esos tipos que le tienden trampas cae y vuelve a caer una vez y otra vez: si les pisaron la cabeza, su único alivio sería ver que a otros se la pisan más.

Estas no son épocas ordinarias. El mundo lucha contra una pandemia no controlada, la cuestión es la vida o la muerte. Y así y todo, la gente de esos balcones que grita “la que cobran la ponemos nosotros” son alienados que no pueden terminar de aceptar que la que tiene Rocca, la que tiene Caputo, la que tiene Macri y todos los secuaces también la pusimos y la tendremos que poner nosotros. Están ciegos o alienados, o simplemente deben ser oyentes de Mitre o audiencia de TN o similares. Los envenenan y no hay autodefensas, porque ya se encargaron de demonizar a cualquiera que dé otros argumentos.

Ni a Rocca ni a Caputo ni a Magnetto les importa si rompiendo la cuarentena morirán miles de personas más de las que puede alcanzar un plan coordinado por los mejores especialistas del país. Ni Rocca, que el año pasado recibió 300 millones de subsidios (de la pusimos todos), ni Caputo ni Macri están ahí para cuidar de nadie. ¿No les alcanzaron los cuatro años de vacunas escondidas, de computadoras embaladas, de evasión a mano alzada, de chanchullos evidentes? No. Quieren más. Quieren boicotear el plan gubernamental, elogiado por la OMS.

¿Qué tiene en la cabeza esa gente de esos balcones? Odio. Odio al peronismo. No hay pito que les vendrá bien, ni siquiera su propia salud o la de sus seres queridos, para que reaccionen con sentido común. Reaccionan a favor de su propia destrucción, como lo
hicieron votando a un impedido de inteligir la realidad.

Esta vez no, muchachos, como dice Alberto. Esta vez se la bancan. Esta vez la parca está acá afuera, esperando que un grupo de imbéciles escuche a algún mercenario de los grandes medios azuzando a detestar no a “los políticos” sino a la política. Y no seremos un hueso fácil de roer. No. Nuestra vida, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros vecinos y también nuestros representantes, que no paran de articular y trabajan a destajo para que el sistema sanitario que Macri destruyó soporte la pandemia, todo está en riesgo. No seremos mansos ni dejaremos que nos lleven por delante de nuevo. Cuando tuvimos que aceptar que perdimos y vimos año a año cómo se robaban todo, cómo nos acallaban, cómo nos perseguían, cómo golpeaban a la abuela que levantaba una berenjena en la plaza de Mayo, cómo gaseaban a los jubilados a los que les quitaron sus remedios, bancamos.

Ahora no estamos para soportar su alienación. Todo tiene un límite y el virus es el límite. Dejen de joder con los cacerolazos. Si los políticos deciden bajarse el sueldo estará muy bien, pero que Rocca, Caputo, Magnetto, Macri y todos los de su turbia especie paguen también para sostener el sistema que se robaron. Que la pongan. Los acaparadores, los desabastecedores, los especuladores, tienen que aprender una lección y no es sólo la que podrá venir o no del gobierno.

En esta crisis sanitaria cualquiera que atente contra la estabilidad social y la salud física y mental de la población es un delincuente. Y no nos moverán de esa certeza. Ya armamos un Frente y ganamos las elecciones. Tenemos un Presidente confiable. Y no permitiremos que tres mil perturbados, arengados por mil mercenarios, nos arrebaten lo que supimos conseguir.

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Política

Macri no hizo mérito

Fracasados

La Historia recordará al gobierno de Cambiemos como la historia de un nuevo fracaso estrepitoso de las elites del poder en Argentina y especialmente el de su candidato de turno, Mauricio Macri, que les había prometido un camino virtuoso hacia los sueños truncados en 1945.

Macri y Cambiemos prometieron terminar para siempre con 70 años de Peronismo y especialmente con lo que consideraron y construyeron en el imaginario de sus votantes como su versión más dañina y despreciable: el Kirchnerismo.

Prometieron meter presos a todos los kirchneristas y especialmente a Cristina Fernández de Kirchner, la ex Presidenta, a quien erigieron en el símbolo de la corrupción, el estatismo, la distribución discrecional del ingreso y todo lo que ellos consideran la peor pesadilla del populismo: un país lleno de gente beneficiada, directa o indirectamente, por políticas de Estado y que, en muchos casos, no merece tal atención.

Prometieron borrar de la faz de la tierra todo vestigio de kirchnerismo, populismo o cualquier expresión de distribucionismo popular que trastocara el orden social natural.

Prometieron un mundo limpio, blanco, pulcro en donde cada uno estuviera en el lugar que le corresponde por su pertenencia de clase o por el color, real o autopercibido, de su piel.

Prometieron que los argentinos de bien serían europeos de una vez y para siempre, pidiendo perdón por la Independencia, por haber pagado la deuda, por insistir en el reclamo por Malvinas y por haberse juntado con naciones indias, menores, celebrando ruidosamente un tratado que nos devolvía nuestra verdadera nacionalidad continental.

No pudieron mantenerse más de cuatro años en el poder. No pudieron ni siquiera asegurar la prestación básica de cualquier Presidente desde hace ya muchos años: reelegir.

Y para completar y cerrar ese círculo vicioso, no fueron capaces de cumplir con la última promesa, el tiro del final: perdieron las elecciones en el club Boca Juniors, ese Aleph del Macrismo en donde todo comenzó hace ya muchos años atrás.

Es una opción, entonces, juzgar este breve intento de instaurar un nuevo orden neoliberal y gorila con categorías propias del sentido común meritocrático del Macrismo: Fracasaron. Macri fracasó. Fracasó Cambiemos y con ellos fracasaron todos los que cayeron embrujados bajo el hechizo de tantas promesas de un gobierno que conduciría a los argentinos a esa ansiada Tierra Prometida desde los orígenes mismos de nuestra Nación.

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Política

Chomsky en la Garganta

«HOY MÁS QUE NUNCA, ARGENTINA»

* Por Noam Chomsky,
para La Garganta Poderosa.

El proceso de avanzada neoliberal que Mauricio Macri ha desarrollado durante su presidencia, no es un problema tan sólo de los argentinos. Y no tiene nada de nuevo, ni exclusivo, en absoluto. De igual manera dramática, está sucediendo en Brasil, pero tampoco se circunscribe al contexto latinoamericano. De hecho, ahora mismo, el gobierno conservador británico está intentando controlar a las grandes universidades, como Oxford y Cambridge, para promover un modelo de mercado, convirtiendo a instituciones académicas de primera en meras arcas comerciales.

Macri es todo eso, representa eso, expresa eso, comanda eso, a contramano de la educación pública. Y no por casualidad: nada puede resultar más amenazante para sus fines que liberar a las personas, emanciparlas, ayudarlas a pensar, invitarlas a desafiar o impulsarlas a preguntar las realidades que ningún jefe de marketing podría explicar. Pues todos los sistemas orientados a la dominación necesitan aliarse con los mecanismos de alienación, anular los cuestionamientos y convertir a la gente en robots obedientes. Aquí o allá, este tipo de gobierno sigue siempre un mismo guión: todo el presupuesto educativo transferido a la subordinación.

Al unísono, poco antes o poco después, desde distintos ángulos de América Latina, diversas democracias se han ido subyugando a los mandatos del FMI, firmando conscientemente las garantías del estancamiento y los programas de ajuste que no sólo recortaron el pasado reciente, desmoronaron el presente y condicionaron el futuro, quién sabe por cuántas décadas. No se trata de ingenuidades, ni equivocaciones, son políticas generales diseñadas para el beneficio de los ricos y el poder concentrado, que no pueden prosperar sin el pueblo maniatado.

No por coincidencia todos esos gobiernos antipopulares pagan increíbles campañas en redes sociales y apuestan a las aplicaciones que permiten promover las mentiras. Por eso entonces, debemos utilizar esas mismas herramientas para organizarnos de forma constructiva contra la opresión, porque sólo así podremos resistir. Hoy más que nunca, necesitamos reunir a las buenas personas, reflexionar sobre los problemas y crear estructuras que nos permitan alimentar, abordar y superar en conjunto nuestros peores trances, nunca desde la resignación, siempre desde la acción, por adentro y por afuera de las redes.

Hoy grito yo.
Mañana les toca a ustedes.

#YoGritoNuncaMacri

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Política

Fin de ciclo (¡Carajoooo!)

En un ámbito cerrado, como siempre que habla, rodeado de público testeadamente macrista, el presidente dio su último discurso antes de las PASO. Se lo nota afectado, también como siempre. Si hay algo que hay que reconocerle a Macri algo que no es, es espontáneo. Todo a su alrededor gira guionado, desde el tono en un tramo y otro tono más adelante, hasta los aplausos de quienes lo rodean, que nunca parecen convencidos sino más bien enfurecidos. Ya pasó hace tiempo la época de la revolución de la alegría, el slogan con el que llegó y que hoy no podría pronunciar ni siquiera ante los extras, no porque no lo aplaudirían (están ahí para aplaudir) sino porque esa frase no soportaría su reproducción en otros soportes. Miles de pantallas estallarían a cepillazos.

Ahora él y Vidal están con las metáforas del río en el que estamos por la mitad, etc. Hay que seguir remando, remando, remando, porque si la riqueza se acumula mucho, mucho, mucho, derrama, derrama, derrama. No voy a hacer un análisis profundo de Macri hablando. El tema que nos inquieta no es él, sino aquellos que han sido tan perforados por las mentiras del gobierno y sus sicarios mediáticos que creen que si vuelve el peronismo inaugurará un ministerio de la revancha. El ministerio de la revancha tuvo en el gobierno de Macri mucho espacio y muchos funcionarios. Lombardi es uno de los ministros de la venganza. Han injuriado, han mentido, han hecho mucho
daño, han corrompido jueces y fiscales y han comprado por lotes a los periodistas que trabajan en
los grandes medios.

Ahora juega la carta de que en cuatro años alcanzó a remar muy poco. A mí me interesa que quienes le creyeron la primera vez no vuelvan a ser engañados, porque les mintió. Pero a los que celebran la mentira, celebraron la venganza, celebraron el encarcelamiento de inocentes o el asesinato de pibes por la espalda, no los quiero convencer de nada. Que se queden con su escoria y que revienten con su propia bilis. Millones vamos a apostar por volver a vivir tranquilos y sin psicópatas arruinándonos la vida. No se juega k – antik. El país debate su propia viabilidad. Y sus habitantes debatimos nuestra propia supervivencia. A ese extremo nos ha llevado este extraviado
que nunca debería haber dejado la cancha de golf.

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Contratapa Página/12

Rápido

“Haría lo mismo pero más rápido” fue la frase de Macri que quedó ahí flameando, como una amenaza. A la bandera nacional no la honra, pero tiene esta otra, sucia y deshilachada. La de la amenaza más vieja del mundo. Macri miente tanto que pocas veces como cuando dijo eso los argentinos entendimos que estaba diciendo la verdad. Pero el sentido de esa amenaza quedó atado al ajuste, como si lo que Macri tuviera en mente fuera sólo seguir ordeñando la ubre vacía que somos después de su gestión.

Esa frase está deshilachada por el tiempo porque no es ocurrente, ni moderno, ni novedoso lo que Macri tiene en mente hacer más rápido. Es lo más viejo del mundo. La dominación. Este modelo ya tensó todo lo posible el ánimo y las reservas de paciencia de millones. Entonces cuando la escuchamos, cuando sabemos que es eso lo que quiere, ir más rápido, sería más preciso que pensemos que esa rapidez indefectiblemente estaría empapada en sangre. Macri amenaza, en rigor, con ponerse mucho más violento.

Sangre como la que salió de la frente de Silvia Maldonado esta semana. Como la de esa adolescente que abrió la puerta de su casa de un barrio de Santiago del Estero y le pidió al policía, con su bebé en brazos, la orden de allanamiento antes de abrirle el paso, y lo que recibió fue un balazo en la frente. Vimos el video. Eran salvajes uniformados atacando un barrio pobre donde alguien se había robado una amoladora y un taladro. El balazo ante el pedido de la orden de allanamiento nos habla de una ruptura total del contrato social. Por eso es necesario uno nuevo.

El propósito de “ir más rápido” seguro que incluye seguir hambreando al pueblo argentino, pero ese saqueo ya pondrá en acción a ese tipo de fuerzas de seguridad que son de inseguridad, e implica no ya la “mano dura”, sino el mismísimo gatillo apuntado a la nalga o la frente de cualquiera. La idea de “ir más rápido” de Macri se entiende mejor ahora que se sabe quién lo acompañará. Miguel Pichetto, desde el anuncio, dio varias muestras gratis del carácter de esa rapidez. Habló de la expectativa de más “emprendedores” -una palabra cínica como pocas en un país destartalado, en el que ese gobierno integrado por el mejor equipo, durante siete horas mantuvo a todo el país y a parte de los países vecinos en la oscuridad total y cuyos funcionarios se presentaron luego a decir “no sabemos qué pasó”.

Y dijo Pichetto: “Más emprendedores y menos cartoneros”. Después hubo traductores en los medios que le suavizaron el deseo y la intención. Quiso decir, explicaron, que quiere que más gente trabaje y menos gente deba vivir de la basura. Pero el candidato vicioso de oficialismos no sólo lo dijo, lo pronunció. Y lo pronunció con asco, con molestia, como quien huele mierda, como quien dice “más gente de bien y menos delincuentes” o “más gente que trabaje y menos vagos” o “más gente como uno y menos negros” o cualquiera de las variantes del discurso aberrante y antihumanista del macrismo. ¿Qué otra cosa puede querer decir?

La fórmula macrista explicita lo que el actual presidente quiere hacer: sacar su lado alfa, promover los alfas en las fuerzas de seguridad y en toda la sociedad, salir del closet y por fin parecerse a ese Mito-Hulk con el que Bolsonaro se presentó en Brasil. El ajuste que le exige el Fondo no puede hacerse pacíficamente. Eso mismo le explicaba Margaret Thatcher en la década del 70 a Friedrich Hayek, el mentor del neoliberalismo, cuando le escribió desde el Chile pinochetista y le dijo que había que hacer exactamente lo que estaba viendo allí. “Usted sabrá que hay cosas que no se pueden hacer en una democracia”, le contestó la ajustadora británica. Ella hizo lo que pudo. No tanto como Pinochet, claro.

Ahora estamos en una nueva fase de esa corriente económica y política. El capitalismo choca contra sus propios límites y la riqueza está concentrada como nunca. Los grandes medios ya no hacen periodismo sino acción psicológica. Las audiencias globales están desorientadas, indignándose por lo que no pasó. Nadie sabe exactamente quiénes manejan el poder en países opacos como los nuestros, con gobiernos que tienen mandantes en el extranjero. Esta neocolonización fraguada en el norte pero acompasada con fenómenos de época (como los neonazismos explícitos, como las violaciones en manada, como los linchamientos, como los asesinatos diarios de líderes sociales o ambientales, como la venta de esclavos en Libia, como los africanos abandonados a su propio ahogo en el Mediterráneo, y la lista es muy larga). ¿Nos damos cuenta de que el mundo retrocedió a una especie de falsa edad media en la que los nobles y sus cortes beben sus elixires y mordisquean frutas exóticas mientras el noventa por ciento de la población ha sido o será condenada a la absoluta falta de derechos y bienes y recursos? Y para eso, la dominación siempre ha requerido de la cultura de la dominación.

Antes de las elecciones de 2015 muchos decíamos que lo que teníamos enfrente era una opción entre un modelo de trabajo y un modelo de desempleo. Suena frío, escuchado a la distancia. El modelo de Macri incluye inocular en nuestro fuero íntimo el síndrome del vencido y hacernos sentir  inútiles y porquerías. Incluye inmiscuirse en nuestra idea de nosotros mismos y lograr convencernos de que es esto lo que nos ha tocado ser. Por eso detestan a los gremios docentes.

La bandera de Macri es vieja y está deshilachada. A lo largo de la historia humana, los tiranos, los emperadores, los señores feudales, los colonizadores y todos los que dominaron a otros no siempre lo hicieron sólo por la fuerza. Es la cultura la que se ocupa de domesticar al hambriento o de quebrar al perseguido. Pero si no lo hace, la dominación es implacable y mata. Sin culpa, sin explicaciones, sin disimulo. Por eso es imperioso mandar lo accesorio a su lugar, y tener colectivamente el eje fijo en lo imprescindible: ganar.

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La propuesta de Cristina

La expresidenta propuso un contrato social de ciudadanía responsable. Para empezar a ponerle contenido, aprendamos a discutir las diferencias en un tono que nos permita seguir juntos.

El jueves en la Feria del Libro Cristina exhibió un tono nuevo, acorde con varias cosas. Con estar sentada en un panel y franqueada por la directora de la Fundación El Libro y por Juan Boido, Ceo de Random House. Por estar presentando un libro, y no lanzando su candidatura. Su candidatura viene siendo lanzada desde aquella plaza que la despidió en 2015, y fue el cataclismo del gobierno de Macri el que la puntaló. El tono del discurso de Cristina fue una de las piezas claves de lo que comunicó.

Está proponiendo y de hecho está armándose un frente más grande que todos los que conocimos. Adentro hay gente que amamos y gente que detestamos. Y hay matices. Pero lo que propone Cristina y lo que muchos sectores ya han advertido es que cualquier resentimiento o diferencia de ese gran frente es una cuestión menor al lado de la epopeya que nos espera. No sobra nadie. Y hay que encontrarle el tono a esta nueva etapa.

Tanto en las relaciones entre dirigentes como en los contactos entre militantes y a su vez entre militantes y ciudadanos a los que debemos persuadir debe ser uno que sería bueno que fuese común. Un tono respetuoso. Un tono que puede ser áspero o contener diferencias enormes, pero que debe detenerse ante lo injurioso, lo grosero o lo cruel. Hay un “nosotros” que todavía no existe pero ese tono debe favorecerlo. Estamos obligados encontrarlo para transitar este tiempo umbrío y recuperar la chance de la felicidad en este país. Todos tenemos que ser un poco mejores para que esto funcione.

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¿Qué es Macri?

Macri está en Córdoba, descansando. ¿Lo pasará bien? ¿Cómo será gestionar internamente ser Macri? Nunca lo sabremos, porque nosotros somos los que miramos, somos los que lloramos por nosotros mismos o por alguien de cuya suerte somos testigos o nos enteramos, somos los que hace cuatro años que no dormimos bien. Desde hace cuatro años experimentamos esta horrible sensación de ser agredidos una o varias veces por día por un gobierno que a algunos nos ha castigado personalmente pero que castiga a millones sin parar. Macri es un enigma que preferiríamos no tener que descifrar. Los que no sólo lo descifran sino que lo encumbraron, los icarios de Magnetto y afines, lo hicieron no subrayando sus virtudes, que no tiene, sino ensuciando, injuriando, persiguiendo a los opositores que ellos reconocían como los reales adversarios. Ahora Clarín parece Guantánamo con esas vallas metálicas que le pusieron para que se repita, en 2019, la escena que vimos una y otra vez en 2016 en dependencias públicas: la llegada al lugar de trabajo, la puerta cerrada, un jetón con una lista, llantos, abrazos, vidas detenidas y desposeídas de cualquier proyecto. En 2016 fueron los empleados públicos que llamaron (Prat Gay lo dijo) “la grasa militante”. Pero era mentira. Para Macri y sus cien o doscientos pares, todos somos grasa y grasa es lo que quieren vendernos ahora para que no chillemos tanto, en un acuerdo de precios irreal como todo lo que hacen. Nadie se salva. Ni los que gritaron ni los que se callaron. El proyecto no fracasó: vinieron a destruirnos. Pero no son infalibles ni todopoderosos: la rabia debe ser elaborada rápidamente y convertida en estrategia popular. Hay que darles exactamente todo lo que odian, porque lo que odian es lo que temen, y es hora de que duerman mal.

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Política

Macri no nos puede ni ver

Agrego algo que ya observe en ocasiones anteriores: Macri no nos puede ni ver. No es un hallazgo de comunicación política que en una crisis como esta un presidente no de la cara de frente al pueblo y le diga que va a hacer en la emergencia.
Macri necesita esta adaptación de comunicación pública, necesita dirigirse a nadie, es decir a un extra que en la puesta en escena «represente» (en sentido teatral) al hombre o la mujer comunes, pero además necesita dirigirse a ellos no en un ámbito público sino en uno particular, individual, como es un domicilio cualquiera.
Macri no nos puede sostener la mirada porque no nos puede ni ver.
Y nosotros a él tampoco.

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